La omnipotencia de Yoss

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Aprendió a leer a los cuatro años. Es biólogo, escritor, cantante y cinturón negro en judo y kárate

Yoss es un cubano singular. Donde llegue inevitablemente llamará la atención. Confieso que la primera vez que lo vi me produjo rechazo, lo creí superficial. Había acudido al Centro Cultural Dulce María Loynaz, lugar en el cual él y Michel Encinosa hablarían sobre la literatura de ciencia ficción cubana. Con aquella chaqueta camuflada sobre el pecho descubierto, las botas a la altura de la rodilla, el pelo largo – sostenido por un pañuelo- y los brazos hercúleos, parecía un guerrero de otros tiempos, no sé, cualquier cosa menos el intelectual figurado cuando me dijeron que hablaría un importante escritor. Esa imagen a priori se deshizo rápidamente y resultó que el superficial fui yo, por no atender a esa verdad de que “lo esencial es invisible a los ojos”, y no sentí rechazo sino por mí, debido a cómo lo juzgué. Al hablar demostró que era un tipo sesudo, un ser humano que, tras su apariencia excéntrica, posee una cultura nada escasa.

José Miguel Sánchez Gómez, Yoss, es polifacético, conocedor de saberes tan aparentemente opuestos…Es Licenciado en Ciencias Biológicas en la Universidad de La Habana, vocalista de Tenaz – un grupo de rock duro- y, bendecido doblemente por la musa Euterpe, toca la armónica. Cinturón negro en judo y kárate. Como escritor premios tiene en suficiencia, aunque no es hombre de andar gritando sus triunfos: durante la conversación transcurrida en su casa jamás mencionó ser Premio David en 1989 con Timshel, Premio  de Cuentos Ernest Hemingway, Premio Luis Rogelio Nogueras, Premio Aquelarre de Texto Humorístico, finalista del Premio Casa de las Américas de novela y un largo etcétera.

El autor de Los pecios y los náufragos asegura que comenzó a leer a los cuatro años. Su padre siempre ha sido un gran lector y a él le molestaba que se sentara y abriera aquellos papeles “llenos como de hormiguitas”, los cuales “miraba y no entendía”. Su progenitor le decía: “la hormiga M con la hormiga A suena MA”, hasta que un buen día…

Durante la primaria leyó en abundancia y todavía sigue siendo “un lector de esos… devorador”. Como otros necesitan fumar, él necesita leer, leer cuatro o cinco libros por semana.

Lo que más le gustaba  era la ciencia ficción y la fantasía, pero llegó el  momento en que todo lo publicado en Cuba sobre esos temas ya era de su conocimiento y, como nadie hacía lo que él deseaba, empezó a escribir.

Concibe la literatura como una dimensión extra de la vida y a veces prefiere vivir en ella que en el mundo real.

Sus primeros temas reflejados en el papel eran un refrito de muchas lecturas: había contactos con extraterrestres, experimentos en los que se destruía la Tierra y todo el abanico de temas clásicos de la ciencia ficción. Algunos eran originales, me comenta, supone que esos fueron los que luego recicló, después varios cuentos suyos se publicaron o ganaron premios y otros eran infames y simplemente los destruyó.

– Generalmente los escritores tienen una infancia que puede catalogarse como “rara”. ¿Cómo fue su niñez?

Yo leía mucho, pero también era fanático al fútbol, trepar a los árboles, revolcarme en la hierba. ¿En cuanto a una infancia rara? Creo que fue muy feliz y  tranquila, un poquito de lo mejor de ambos mundos: buscaba a mis amigos para jugar y si no estaban tenía libros envueltos en nylon, escondidos en matas estratégicas del barrio, los cuales me ponía a leer hasta que llegaran. Tuve una infancia más o menos normal, como la de todos los niños.

Yoss era como sonaba su nombre en boca de una profesora de Educación Física que tenía problemas de pronunciación.

“Cuando comencé a mandar obras a concurso tenía que hacerlo con un seudónimo y dije: ¡Yoss! Ya había personas que me conocían así y cuando publican mi libro Timshel en 1989 lo firmo como José Miguel Sánchez y algunos amigos me dijeron: “y este José Miguel, ¿quién es? Yo leí esos cuentos y los hiciste tú”. Era identificado por mi seudónimo. Decidí escribirlo con “y” griega porque soy de la generación yé y que mi nombre no comenzara con esa letra era una casualidad”.

– Si tenías vocación por las letras, ¿por qué estudiaste Biología?

Soy un escritor, pero sobre todo un escritor de ciencia ficción. Pensé siempre que no me vendría mal un poco de disciplina, método y pensamiento científicos. Dudaba si podría ganarme la vida solamente escribiendo y me decía: “¿si resulta que no soy tan bueno? ¿Y si los premios son una casualidad? Si alguna vez tengo que mantener una familia es mejor tener un oficio.

“Luego de cumplir el Servicio Social no he vuelto a ejercer la Biología. No la extraño porque la carrera que estudié y las materias que aprendí están presentes en mi literatura. Estudié  Biología porque es la ciencia que más me atrae y con la cual quería complementarme como escritor”.

– Sé que tuvo algunos problemitas en la Universidad…

A veces los profesores chocaban un poco con mi aspecto, mi manera de vestir. Era un joven que leía los libros de texto apenas los tenía, y que profundizaba en mis materias preferidas: Botánica, Evolución, Ecología. Normalmente no faltaba a clases, pero eso sí: nunca iba a remediales, prefería estudiar solo. Hice algunas travesuras. Cuando terminé el primer año lo celebré subiéndome en el asta de la bandera de la Facultad y en la punta amarré una cinta de las que me ponía en la cabeza, lo cual provocó la irritación del vicedecano.

“Siempre he sido una persona muy espontánea, muy sincera y eso, si bien es bueno, también es malo. Con los años he aprendido el arte de la diplomacia,  decir lo que uno quiere de manera que no te maten por oírlo, pero nunca he podido callar mi opinión”.

“Cuando había conferencias que estaban aburridas, sacaba un libro, lo cual los profesores interpretaban como una falta de respeto. Durante el Festival Internacional de Cine de 1986 la maestra de inglés en cierta ocasión extendió el turno más allá de las 11: 45 AM, hora en que debía acabar. La película en el Yara la rodaban a las 12:00 del mediodía. Simplemente me fui. Por cosas como esas presenté problemas con los pedagogos”.

Este habanero se viste influenciado por las lecturas que hiciera durante su infancia sobre las historias de Conan, Sandokan y El Corsario Negro: le gustaba que esos personajes usasen muñequeras, botas y cinturones anchos. En los 80 descubrió el rock, lo cual marcó su estilo de vida.

“Cada persona tiene el derecho de sentirse cómodo consigo mismo. Mi manera de sentirme cómodo es vistiendo así. Después de muchos años siendo un “rockero pasivo”, un admirador, desde el 2007 soy cantante y tengo la justificación perfecta, cuando me preguntan: “¿por qué te vistes así?” respondo que canto en un grupo de rock”.

A Yoss le fascinan las armas, las artes marciales y la historia de la Edad Media.

“Dentro de todas me gustan mucho las armas blancas, sobre todo aquellas que son exóticas. Creo que las armas son una parte importante de la cultura del hombre, una de las expresiones más perfectas del nivel tecnológico y la filosofía de la época que las produce. Estudiando las armas de determinado período histórico creo que logro tener una idea muy clara de él. Esas son racionalizaciones a posteriori, en realidad me gustan y ya”.

– ¿Cómo se proyecta el grupo de rock Tenaz? ¿Tienen algún disco?

Hacemos heavy metal. No somos lo que la gente llama “metralla”, esos tipos con voces guturales… pero tampoco decimos: “hola te quiero mi amor”. Las  canciones que grabamos son en español, salvo dos temas míos en inglés. Tratamos de darle un buen peso a las letras. Estas hacen metáforas de la realidad cubana a través de historias medievales, hablan sobre la necesidad de mantenerse firmes en las ideas.

«Tenemos discos pero no grabados oficialmente, hechos en estudios caseros y producidos por nosotros mismos. El último demo, Entre dientes, salió este año y tiene seis canciones. Estamos esperando que nos llame Cuerda Viva para hacer su presentación.

Al autor de Pluma de León le gusta la trova, aunque no mucho su ambiente, el cual le resulta a veces falso.

“A cualquier creador que no le guste Silvio Rodríguez, Frank Delgado y Carlos Varela se está perdiendo una faceta muy importante de la poesía. Creo que la poesía moderna no está en los poetas que presentan libros y se los intercambian unos a otros porque nadie los entiende, sino que se encuentra en esas personas que se sientan con una guitarra y hacen canciones que le llegan a la gente”.

¿Acaso esta conversación es un sueño? ¿Un sueño programado en un planeta lejano de cómo sería una conversación entre un humano actual y otro del futuro? Quizás Yoss sea del futuro. El balcón frontal a su  cuarto se desploma y esto, créanme, no es ciencia ficción. El estruendo del derrumbe fue como el telón de un teatro.

Javier Macías Ortiz

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