La Habana, a la hora del camello (II parte)

El malecón

Desde esta orilla se puede observar uno de los más espectaculares atardeceres del mundo.

José Polo rueda Rampa arriba sobre el P4, aún atestado de pasajeros. La guagua se detiene en el semáforo de 12 y 23, otra afamada esquina habanera. Allí Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución cubana en 1961. José Polo se siente cansado. Ve por la ventanilla un carro fúnebre acercarse a la puerta norte del cementerio de Colón.  Mira con detenimiento a las tres virtudes teologales que desde lo más alto del portón reciben al difunto. “Para ahí vamos todos”, comenta en voz baja. Se persigna, y sigue mirando cómo el cortejo fúnebre penetra en la necrópolis, con más de 135 años de fundada.

Este cementerio, el mayor de Cuba y Monumento Nacional, resguarda los más increíbles mitos de la ciudad. Allí está la tumba de La Milagrosa. Quien urja de sus favores solo tiene que despertarla, tocando ligeramente una de las argollas de su sepulcro y luego circundarlo. Nunca se le debe dar la espalda, so pena de quedar estéril para siempre. En su panteón no faltan flores ni velas. Tampoco otras ofrendas. “Gracias, Milagrosa, por ti mi padre volvió a caminar”, se puede leer en una de estas.

A pesar de su desaliño, La Habana está llena de lugares fabulosos. José Polo los conoce muy bien. Entre sus preferidos cuenta un parque del Vedado, donde Jonh Lennon en bronce descansa sobre uno de sus bancos; o la casa de Hemingway, el gran escritor que alguna vez confesó: “Mi mojito en la Bodeguita y mi daiquirí en el Floridita”. Quizás el gran escritor norteamericano sea el único Premio Nóbel en el mundo con una estatua acomodada en una de las barras de sus dos bares preferidos.

Lennon en bronce

Lennon, como un habanero más

Muchas han sido las personalidades que, a lo largo de casi cinco siglos, han venerado y visitado esta ciudad, que ya tiene 490 años de fundada. Entre tantos: Frank Sinatra, Errol Flynn, Winston Churchill, Nike Cole, Federico García Lorca, Marlon Brando, Libertad Lamarque, Jorge Negrete, Yuri Gagarin, Caruso, Rafael Alberti. Picasso, Olga Tañón, Juanes, Miguel Bosé…

“Pero La Habana se nos está cayendo a pedazos”, reconoce con dolor José Polo, mientras a su memoria acuden las imágenes de los edificios apuntalados en el centro de La Habana. En pie por pura estática milagrosa. Igual memoriza las fachadas descoloridas de la Calzada del Cerro o de la calle Galiano, ni sombra hoy del esplendor que tuvieron 50 años atrás.

La recogida de basura, la construcción de nuevas viviendas, el servicio de agua potable, la alimentación y el transporte suelen ser los dolores de cabeza cotidianos de sus autoridades y moradores. De las siete mil 92 ciudadelas existentes en 1989, solo 191 se han podido erradicar. Por suerte, en la parte más antigua, la Oficina del Historiador ha logrado conservar y restaurar majestuosas edificaciones y fortalezas coloniales, que le valieron el título a La Habana Vieja de Patrimonio Cultural de la Humanidad, dado por la UNESCO en 1982.

Quien no viaje en Almendrón, no sabe lo que es la vida.

“Pero muchos prefieren vivir aquí, aunque sean diez en un apartamento de un solo cuarto, sobre todo si son de la región de Oriente”, comenta José Polo, porque sabe que esta ciudad es la más densamente poblada del país. Tiene unos tres mil habitantes por kilómetro cuadrado, muy por encima de la media nacional, calculada en 101 habitantes en igual área. Como cualquier capital del mundo, aquí hay mayores oportunidades. La vida es más cara, pero se gana más. El salario medio ascendió a 456 pesos, uno de los más altos en la Isla. Igual hay empleos que los citadinos no asumen. Las plazas de maestros, policías y constructores se suplen con fuerza de trabajo importada, sobre todo desde las provincias orientales.

Si bien se ha resuelto en parte la carencia de estos oficios, también han crecido los moradores y la población flotante (300 mil personas) sobre la misma infraestructura de 50 años atrás, hecha para medio millón de habaneros. La población residente, según el último conteo de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), es de dos millones 156 mil 650; de ellos, un millón 37 mil 850 son mujeres.

Ya ha pasado casi media hora después de las ocho de la mañana. José Polo sabe que aún le resta camino. El camello sigue supercargado de pasajeros. Hasta las 9 de la mañana transcurre uno de los dos horarios picos del transporte público en la ciudad.  La otra cima ocurre después de las cinco de la tarde hasta las siete de la noche.

“Aquí nadie se muere de hambre, pero cada centavo cuesta”, piensa José Polo, y recuerda que hace diez años se jubiló como trabajador de la industria poligráfica, pero su pensión no resulta suficiente para mantener las cuentas de su hogar. Gracias a la aprobación del pluriempleo, consiguió un puesto como custodio nocturno en uno de los mercados que abundan en el centro del Vedado habanero, donde se comercializa desde comidas, ropas, artículos electrodomésticos y hasta las entradas a los más importantes cines de estrenos en el país, atestados en las temporadas de cine latinoamericano, francés, alemán o indio.

Como citadino de pura cepa, la familia de José Polo se conformó de la mezcla de sangre inmigrante llegada, sobre todo, desde España, África y China. En 1519 empezaron a asentarse los primeros. Ellos poblaron y refundaron la villa de San Cristóbal de La Habana, luego de mudarla desde la costa sur hasta la gran ensenada de la costa norte. Para esa fecha la bahía era el mejor refugio para carenar las naves que iban o venían al Nuevo Mundo. De paso, aquí se fueron quedando muchos de los viajeros que se atrevían a cruzar las aguas del Atlántico. Con el tiempo el asentamiento fue solamente La Habana, nombre asociado al del comarcano Habaguanex, jefe de las comunidades aborígenes de la zona…  El P4 avanza y aún restan 20 minutos de viaje.

Katia Monteagudo

La Habana, a la hora del camello (I parte)

La Habana, a la hora del camello (III parte y final)

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Comments
3 Responses to “La Habana, a la hora del camello (II parte)”
  1. silvia dice:

    Yo amo a Cuba, pero la quiero libre!!!

    desde Peru!!

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