El día de la Noche Buena

Hoy no es día para la desdicha

Como muchos cubanos hoy me preparo para celebrar la Noche Buena. No soy una gran cocinera, pero con un poco de paciencia puedo hacer una cena especial para mi hijo y yo. Desde temprano salí a la calle. Cerca de mi casa, en el municipio del Cerro,  hay varios mercados agropecuarios. No están abarrotados, pero  tienen una oferta aceptable de tomates, lechugas, col, malanga, boniato y la casi extinta yuca, que prácticamente solo se ve por esta época del año. Por suerte, puedo comprarme unas libras de esta vianda, porque un fin de año sin yuca con mojo, no es fin de año.

Como los precios de la carne de puerco se mantienen  por las nubes, sobre todo en Ciudad de La Habana -aquí una libra de bistec cuesta entre 35 y 40 pesos-,  no pocos buscan otras alternativas más acordes con sus bolsillos: pollo, pescado, picadillos, croquetas, ahumados… La inventiva cubana sobresale en estos días especiales. Al arroz  con gris, vianda y ensalada con que generalmente se cena esta noche, le pondrán desde un pedazo de carne de puerco frita hasta un huevo a la francesa, una berenjena en salsa o un filete de pez gato.

En las calles, tiendas y mercados hoy hubo más ajetreo que el de costumbre. Alimentos son los que más se consumen. Muchos centros de trabajo cerraron sus puertas a las 12 del día. Mañana es feriado, aunque siguen funcionando los comercios, la gastronomía y los hospitales.

El fervor religioso y la  parafernalia navideña es escasa públicamente. Nada de juegos de luces en avenidas o edificios públicos. En varios de estos sí ondea la bandera nacional.  La fecha no escapa de las medidas excepcionales de ahorro que el país aplica desde hace más de seis meses.

Puertas adentro, creyentes o no, muchos han plantado en la sala de su casa un árbol de navidad, con el nacimiento incluido. Sobre el arbolito no faltan ni guirnaldas ni  luces de distintos colores, que se venden en las tiendas recaudadoras de divisas. Tampoco les faltan algodones,  que imitan a la nieve que por esta época del año invade  a otras latitudes, y muchos estamos deseosos de conocerla y sentir.

Aquí en diciembre todavía se suda la gota gorda. Los termómetros por el día marcan temperaturas por encima de los 30 grados. De noche desciende 10 grados. Estos cambios bruscos de temperatura son fatales para aquellos, entre los que me cuento, padecen de asma o de alguna otra enfermedad respiratoria crónica o viral, como la influenza A H1N1,  que ya ha cobrado la vida de 41 cubanos. Espero que esta Noche Buena,  la víspera universal del nacimiento del niño Jesús, la nueva epidemia nos dé una tregua, al igual que otros infortunios climáticos, económicos y políticos. Esta noche es hora de paz, aunque la familia no esté toda junta, no compartamos los mismos credos o nos espere otro año difícil e incierto. Esta noche es hora de paz para continuar con esta resistencia terca, que nos ha convertido en un pueblo duro.

Katia Monteagudo

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