El susurro de los edificios

A esta isla no han llegado las moles de cristal y acero que adornan las mega-ciudades del mundo. Ni siquiera las grandes construcciones de La Habana podrían competir con los rascacielos de Dubai, Tokio o Nueva York. La comparación de por sí es ridícula. En la capital sólo convive una salpicadura de tímidos edificios, herencia de los soviéticos o las nuevas adiciones a la vida urbana, a partir de las inversiones extranjeras, que luego de los 90’, comenzaron a sembrar hoteles e inmobiliarias por la ciudad, y el resto del país. Las demás ciudades de Cuba tampoco viven el deslumbramiento de una arquitectura monumental y aplastante.

Sin embargo, en este pequeño bote de roca en medio del Caribe, duermen construcciones que han cargado lluvias diluvianas. Quinientos años de civilización esculpieron edificios que parecieran hablar, más bien, susurrar los secretos perdidos por tantos siglos de historia. Aquí la luz convierte cualquier perfil en un cuadro renacentista. Desperdigadas como migajas sobre un mantel sin planchar, las edificaciones de Cuba constituyen un mapa de la vida, de las corrientes y reflujos llegadas hasta nosotros, el reflejo de un estilo atemporal, etéreo, en el que pudiera intuirse las catedrales del Vaticano, los templos atenienses, las fabulaciones postmodernas de Brasilia, el candor de las villas portuguesas, o la rudeza de líneas de los monumentos soviéticos. Ningún estilo, y a la vez todos.

Luis Alejandro Yero

Fotos: José Manuel Rodríguez Calleja


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