Odio la guerra

Tamayo Núñez junto a los actores Benicio del Toro y Santiago Santoro, a quienes asesoró en el rodaje de la película sobre el Ché Guevara.

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Aunque mucho ha andado por este mundo, cuando al Coronel Leonardo Tamayo Núñez, el Urbano de la guerrilla boliviana y uno de sus tres sobrevivientes, cuenta la historia de su vida, lo primero que viene a su memoria es su origen campesino.

Todo en él delata al guajiro que todavía lleva dentro: manos rudas y fuertes, fortaleza extraordinaria para una mediana estatura y su manera sencilla al saludar. Guerrillero desde los 16 años, se levantó en armas contra el General Fulgencio Batista en abril de 1957.

Desde entonces, la guerra ha sido parte de su existencia. Primero, 12 combates en las montañas orientales de Cuba en la Sierra Maestra; después, la marcha invasora hasta el centro de Cuba en la Columna número 8 Ciro Redondo, comandada por el Che en 1958; el mando compartido con El Vaquerito -su amigo inseparable- en el pelotón suicida de esa columna; las decenas de batallas al lado del Comandante Guevara: Cuba, África, Bolivia…; más tarde, desaparecido Che Guevara en las guerras de Angola y Nicaragua, donde en 1988 cumplió su última misión de guerra.

“Uno se adapta, se acostumbra a combatir, pero de todas formas siempre cuestan vidas, y aunque sean del enemigo no queremos que se pierdan”, confiesa una fría mañana de enero.

Dialogamos sobre la más reciente película, en dos partes, sobre el Che Guevara (El Argentino y Guerrilla), en la que colaboró directamente con su director Steven Soderbergh y el resto del equipo de la producción multinacional (España, Estados Unidos y Francia). Las cintas resultaron muy aplaudidas en los recientes festivales de cine de Cannes y de La Habana, y cuestionada en la ciudad de Miami, en el estado norteamericano de La Florida.

Para Tamayo Núñez, la película es bastante fiel a los hechos reales. El guión fue basa-do en los registros del propio Guevara en el libro Pasajes de la guerra revolucionaria, sobre Cuba, y su diario de campaña en Bolivia.

Benicio del Toro, quien encarnó el protagónico y obtuvo el premio a la mejor actuación masculina en el pasado Festival de Cine de Cannes, contó con la asesoría directa del Coronel Tamayo Núñez, jefe de la escolta personal del Che durante varios años. El actor puertorriqueño tuvo un amplísimo apoyo del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC), además de la familia, amigos y otros colaboradores del Comandante Guevara. Al frente de los asesores estuvo el estadounidense Jon Lee Anderson, biógrafo del guerrillero.

“Los que más trabajo me dieron fueron los vestuaristas y maquillistas”, comenta el Coronel Leonardo Tamayo de su labor durante el mes de filmación realizado en España. “En la guerrilla estábamos sucios, mal vestidos, con hambre. Tenía que estar todo el tiempo diciendo que no los arreglaran tanto. La guerra es fea”

-¿Y los actores?

-Todos muy profesionales. Benicio del Toro hizo una caracterización muy respetuosa. Se acercó bastante a la personalidad del Che. Él era un hombre muy contenido en sus emociones.

-Si la filmación fue en España, ¿cómo resolvieron las diferencias geográficas con Cuba y Bolivia?

-Realmente no buscamos tantas similitudes topográficas. Nos concentramos en las escenas de combate. Tratamos que fueran lo más real posible.

Aunque en Cuba la película solo fue exhibida durante los días del pasado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, los productores donaron 20 copias al ICAIC para ser vista en corrida normal en el país. Como un boom de adrenalina describió el actor puertorriqueño Benicio del Toro al público cubano durante el estreno en la capital de la Isla.

En esa presentación también estuvieron presentes otros actores del reparto como el brasileño Rodrigo Santoro, que encarna a Raúl Castro; el chileno Santiago Cabrera, en el papel del comandante Camilo Cienfuegos, y los cubanos Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, quienes interpretan a otros dos comandantes guerrilleros, Vitalio Acuña y Ramiro Valdés, respectivamente.

Tamayo Núñez cree que una obra de esa naturaleza no es nada fácil de hacer en las condiciones actuales del país, y quedó complacido con el trabajo realizado y la caracterización de sus compañeros de tantas batallas.

Urbano, el nombre de guerra con que fue bautizado en Bolivia, también es uno de los personajes del filme de Steven Soderbergh. Lo encarna Kahlil Méndez. En la película aparece en varios de los combates en la Sierra Maestra, durante la marcha hasta la toma de la ciudad de Santa Clara, al centro de Cuba, y en los dramáticos días bolivianos.

-Dicen que usted es uno de los soldados más guapos de Cuba, y en la película hay varias escenas de su actitud arriesgada en el combate.

-No, no, no… yo no me atrevería a decir eso. Hay otros: José Ramón Silva Berroa, Joel Iglesias, los hermanos Acevedo, Alfonso Zayas Ochoa. Hay muchos. El Vaquerito era extraordinariamente valiente, jugaba con la vida. Pero yo no creo ser el más valiente.

-Modestamente, ¿si tuviese que hacer una lista se incluiría?

-Lo que te puedo decir es que cuando hubo o haya que llegar a tomar una ametralladora, un punto o un cuartel, la Revolución puede contar conmigo. Yo estoy dispuesto a hacerlo.

-¿Cuántas heridas de guerra tiene?

-Tres de bala y 21 con una granada de mano. Las únicas heridas de combate que ten-go me las hicieron en la provincia de Sancti Spíritus, cerca de Santa Clara. Primero, dos veces en la Loma del Carpintero; otra, en Santa Lucía, y la última en la toma de Cabaiguán, donde el Che se fracturó un brazo, y se ve en la película como Aleida March -su esposa luego- le da un pañuelo negro para que sostuviera la mano.

-Usted ha vivido el último medio siglo de nuestra historia como muy pocos cubanos. Ha tenido el privilegio de estar muy cerca de Fidel, Raúl, Almeida, el Che, Camilo, El Vaquerito… ¿Podría definir lo esencial de cada uno de ellos?

-De Almeida, su valentía, fidelidad a la Revolución, al Partido y a Fidel. A Raúl lo considero como un gran estratega militar y político. Fidel es el hombre que más brilla en el mundo.

-¿Y los que desafortunadamente ya no están como El Vaquerito?

-El desafiaba a la muerte y a la vida, y murió de una bala extraviada en una azotea durante la batalla de Santa Clara. En la película la escena es exacta. La frase del Che cuando lo vio muerto: “Me han matado cien hombres”, sintetiza todo. Nosotros éramos como hermanos. Era el jefe del pelotón suicida y yo su segundo. Cuando aquello nosotros no conocíamos La Habana, y siempre me decía que íbamos a recorrer juntos sus calles. Ahora ya me la sé, pero a mi manera.

“Una vez nos molestamos uno con el otro durante la toma de Cabaiguán, en el centro del país. Una ametralladora estaba en el medio de la calle y él me pedía hombres, pero yo no lo oía. Lo único que escuché clarito: “Estas apendejao”, y de un brinco llego hasta él y le digo: “El que está apendejao eres tú”.

-¿Y Camilo?

-El excepcional, el hombre de la seriedad y de la jarana, el juego, el chiste, la broma y la maldad. Era respetado en todo el Ejército Rebelde. Cuando llegamos al centro de Cuba con nuestra columna invasora, el máximo jefe militar era el Che, y sin embargo parecían uno. Ellos se querían.

“Del Che siempre he dicho que para mí fue el jefe, el amigo, el compañero, el maestro. Me enseñó a leer, a escribir y a pensar. Yo era su ayudante y jefe de escolta. En enero del ’59 me buscó los primeros profesores, y en agosto del ’61 ya tenía sexto grado. Cuando iba para el Consejo de Ministros, el profesor venía también. La reunión andando y nosotros estudiando.”

-¿Cuánto tiempo estuvo al lado del Che?

-Diez años y seis meses. De abril del ’57 a octubre del ’67.

-Si volviera a nacer, de las cosas que ha hecho en su vida, ¿cuáles no haría nunca más y cuáles dejaría de repetir?

-Lo primero que yo volvería hacer es estar junto a Fidel, el Che y la Revolución. Y si por casualidad, cuando naciera no existiera la Revolución y viviera Fidel me uniría otra vez a él. Eso siempre lo haría. Pude estudiar un poquito más. Me arrepiento de no tener dos o tres carreras universitarias. Soy Licenciado en Derecho.

-¿Cuánto difiere la vida guerrillero a la que lleva ahora?

-¿Ahora? Ya tengo 67 años. Mi última misión de combate fue en 1988. Actualmente trabajo en la dirección nacional de la Asociación de Combatientes en la formación de las nuevas generaciones. Presido la Comisión Parlamentaria de Amistad Cuba-Etiopía. Con un poco de optimismo y de voluntad, todavía corro 10 kilómetros todos los días, hago 70 y 80 planchas y abdominales… Pocos me aguantan caminando.

-¿Qué le falta por hacer?

– Terminar de hacer el testimonio La ciudad de noche. Aún lo tengo en el tintero. Soy vago para escribir. Es un error creer míos todos esos hechos históricos.

-El reencuentro con Bolivia…

– Ya he ido cuatro veces: a buscar los restos de mis compañeros e invitado por el presidente Evo Morales. Almorzamos juntos en el palacio presidencial y hasta me regaló un libro sobre su vida.

“Me resultó difícil llegar de nuevo al lugar donde enterramos a nuestros muertos. Estaba escarbando y pensaba encontrarme al cuerpo completo del hombre. Eso es lo que uno lleva en la psiquis, y de pronto veo esos huesitos…, deprimente, al menos me sucedió a mí.

-¿Es cierto que en su primer viaje de regreso a Bolivia un taxista lo reconoció de inmediato?

-Un taxista y el hijo del alcalde. Al llegar me cambié el nombre por el de Roberto. Fuimos a una base de taxis, y un chofer me mira y dice: “Caramba, Urbano, qué alegría verlo nuevamente aquí”, y no me quedó más remedio que conversar con él.

“Ese mismo hombre me contó sobre un amigo que conocía a un soldado que había ido al entierro de Tania y sabía dónde estaba su cadáver. Empezamos a buscar, pero en eso los yanquis comenzaron a presionar al gobierno boliviano.

“Tuve que regresar para no echar a perder el trabajo, pero el Doctor Jorge González, el jefe del equipo de la búsqueda de los caídos en la guerrilla, se quedó conectado con todo eso. Era real lo que el taxista dijo. El amigo halló al soldado y este le confesó dónde estaba sepultada Tania y así la encontramos.

-¿Y su familia?

-Muy buena, vivo orgulloso de mis dos hijos: hembra y varón. Tengo tres nietos. Dos varones y una hembrita. Mi esposa, mejor que yo. Aguantar todas estas cosas solita, luchando con la familia, y yo fuera. Llevamos 43 años juntos.

-¿Cuáles son los momentos que nunca ha podido olvidar?

-Los lugares donde cayeron mis compañeros en Bolivia. Si alguno lo herían yo lo sacaba, lo llevaba a curar con el médico, y hasta ayudaba en la operación. También era el que lo enterraba si moría. Eso no se olvida. Hay varias de esas escenas en la segunda parte de la película.

“Tampoco sale de mi mente cuando tuvimos que rematar al Ñato. Cayó herido un 10 de noviembre. No teníamos medicinas. Éramos seis e hicimos un pacto: el que cayera herido grave, y no pudiera caminar, no podíamos dejarlo vivo en manos del enemigo. Ese día al Ñato le dieron un tiro en la columna vertebral.

“A veces uno está en la oficina, en la casa, en la cama, por la madrugada y de pronto ese recuerdo te hace: ¡tácata!, y vuelven esas imágenes. Casi todo en mi vida ha sido guerra, por eso odio la guerra.”

-¿Se puede decir que usted es un sobreviviente?

-A lo largo de todos estos años han quedado en el campo de batalla tantos compañeros de lucha con quienes estábamos pegaditos, y que los hayan matado, y que uno quede vivo…Diría: sí, soy un sobreviviente.

-¿Padece de alguna enfermedad?

-Sí, de 67 años

Katia Monteagudo

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Comments
4 Responses to “Odio la guerra”
  1. Rose dice:

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