Alguien me persigue

En las calles también tengo esa sensación de que alguien está detrás de mí

Donde quiera que esté, tengo la sensación de escuchar una misma voz detrás de mí. No importa si estoy en mi casa del Cerro o en cualquiera de los restantes municipios habaneros. Definitivamente, alguien me persigue.

Hace seis años que soy ciudadana capitalina. Llegué a esta urbe, luego de una permuta al estilo de la Fornés. Me hice habanera a los 39 años. Pero hasta que no viva en el Vedado, aún no he llegado a home. Todavía estoy en tercera base.

El resto de mi vida anterior transcurrió en Sancti Spíritus. Aunque desde 1976 es una de las 13 capitales de la Isla, esa ciudad de la cintura de Cuba, no ha dejado de ser la villa colonial de casi 500 años. Por supuesto, hay electricidad, calles asfaltadas, televisión y acceso a Internet.

Mientras la modernidad hace lo suyo, Sancti Spíritus sigue siendo el villorrio de siempre, donde todos se conocen y hablan de los unos y de los otros. En sus esquinas es muy frecuente hacer una tertulia con cualquiera de sus más encumbrados ciudadanos, jaba en mano, luego de gastarse hasta el último kilo en la Plaza del Mercado.

Siempre recuerdo al poeta Esbértido Rosendi Cancio, al escritor Julio M. Llanes, a los pintores Pestana y Antonio Díaz, al Serapio del Si tu pasas por mi casa; a Juanelo, Bonachea y a Liudmila y Julito, estos últimos incluso con casa en la capital, pero solo para vacacionar.

En mi mente están todos mis colegas del periódico Escambray y de otros medios, y mis antiguos vecinos: Cuti, Sonia y hasta la más chismosa del quinto piso, cuyo nombre no quiero mentar.

Pero si la calma aldeana puede resultar grata, también un pueblo chiquito es un infierno grande, como reza el refrán. Ahí es muy difícil ocultar cualquier pecadillo.

Eso me molestaba mucho y a veces tenía la sensación de asfixia. Demasiado pequeño  el límite entre lo privado y lo público. Algún que otro novio llegó a los oídos de mi familia, antes que yo se lo contara, además de otros detalles de mi vida: si había estado en La Habana o si me habían visto en tal lugar.

Además de este cotilleo, los pregoneros eran otras de las cosas que siempre me llamaban la atención en mi ciudad natal. Esos vendedores callejeros voceaban día a día, con los más ocurrentes dicharachos, cuanta mercancía, oficio e intercambio traían en oferta.

Cuando vivía con mis padres, en el centro colonial de la ciudad, siempre escuchaba su ir y venir. Proponían de todo: dulces, caramelos, viandas, frutas, pan, y hasta un elefante vestido de pelotero.

En la acera de mi casa, donde nací y siempre estará mi hogar, todos los días hay un sinfín de mercaderes informales, desde el amanecer hasta pasadas las siete de la noche. Allí están proponiendo cuanta cosa se necesite. No pocos ya son amigos de la familia.

Luego, cuando tuve casa independiente, en los edificios de Garaita, desde mi balcón podía escuchar el mismo vocerío. Hasta llegué a medir el tiempo por el paso de esos pregoneros. A las siete, el panadero; a las 12, el fogonero y a las cinco, el verdulero.

Siempre pensé que eso era típico de mi aldea querida. La Habana la imaginaba mucho más cosmopolita, más fría, más distante. Cada cual en su casa y en lo suyo. Ese vecineo (no sé si existe la palabra), el constante ir y venir de vendedores callejeros, y la gente tocándote  a la puerta, solo se hacía en el campo. Como suele decirse, eso es  de guajiros.

El primer amanecer en la casa donde hoy vivo, al lado de la Finca de los Monos, fue toda una sorpresa. Cira, una vecina de 96 años, fue la primera en subir las escaleras y tocar a mi puerta: “En el tercer piso, tienes tu casa, para lo que necesites, un poquito de sal o un buche de café”, me dijo.  Cira murió, poco tiempo después de su visita.

Y en menos de lo que canta un gallo conocí a todo el edificio: Pepe y Graciela, mis vecinos puerta con puerta, quienes ayudaron a subir todos mi bultos el día de la mudada; Nieves y Kim, los hermanos  del primer piso, mis dos paños de lágrimas; Chicha y Soraya, siempre diligentes para resolverme cualquier asunto doméstico. Nicolasito, el del edificio de enfrente, el rey de la plomería y todas las manualidades constructivas.

Tampoco falta la casa de los Humbertos, padre e hijo, donde aterriza la ropa que vuela desde mi cordel; ni la de Lucecita,  con quien me actualizo de los precios informales, y Juanito, mi contrincantre sobre los temas de la economía mundial y cubana; ni la del Barri y compañía, famosos en todos los bloques, y con los que siempre te puedes llevar bien, mientras no les diga el sobrenombre familiar.

Unos meses después de mi llegada, una amiga fue hacerme la visita, y se perdió en el trayecto. Cuando llegó  me dijo:  “Estás embarcá, ya te conocen. Por el bloque 15,  me dieron tu dirección”. Esa fue mi segunda sorpresa habanera.

Pero además de cargar con ese vecineo, creo que en el camión de mi mudada se colaron  todos los vendedores callejeros que conocía en Sancti Spíritus.

Igual aquí he seguido calculando el tiempo por los pregones que escucho desde mi apartamento en un cuarto piso. Al amanecer, el florero; por la tarde, el vendedor de galletas, y casi en la noche, el de las panetelas borrachas. Esos son puntos fijos. Son los mismos que oía desde mi balcón espirituano.

Los oigo proponerme dulces, afilar mis cuchillos, arreglarme el colchón o el fogón de gas. También me quieren comprar pedacitos de oro, o venderme girasoles para que se los ofrezca a la Virgencita del Cobre, o darme un pomo de perfume lleno, por uno vacío.

Igual me arreglan los paraguas rotos, me garantizan el queso crema y la mantequilla del desayuno, me venden los mejores tamales de la capital,  o me proponen que me juegue un número, porque puede ser mi día de suerte.

No dejó de escuchar sus voces a ninguna hora del día, quizá por eso siento que  La Habana sigue siendo mi vieja aldea espirituana, donde siempre alguien me persigue.

Katia Monteagudo

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Comments
6 Responses to “Alguien me persigue”
  1. Chinasklauzz dice:

    Katia. mi pregunta es cual es la dirección de “Blogueros de todos los países, uníos”. Siempre es interesante compartir ideas.

    Johan

    • destinocuba dice:

      Johan, Blogueros de todos los paìses, uníos no es un sitio en concreto, es un llamado. Pero de cierta forma en este blog trato de ser eso. Como dice Silvio en una de sus canciones “Yo quiero un congreso de lo unido”. Binevenido al blog. Un abrazo
      katia

  2. Liset dice:

    Esta es Cuba, amiga mia.
    Y como ya comprobaste, aqui tambien te ofrecen un buchito de cafe en cualquier lugar, aunque esa dicen que es costumbre solo oriental.
    Siendo habanera de cepa y casi pura, te cuento que cada vez que he viajado a cualquier provincia cubana, quiero quedarme.
    Hasta me he tomado sus aguas, de las que cuentan, para por si algo, como dice Alegna.
    Pero ya ves, aqui sigo y parece que seguire hasta cuando haya que apagar el Morro.
    A estas alturas de mi vida, ya se que aunque me enamore de un rio o en el, me encante la salsa del pollo que cocinan por ahi, o tenga un romance con la luna de la Sierra Maestra, a La Habana regreso, aunque me despierten los pregones, que odio sobre todo los domingos por la mañana. Oyeeee, que no descansan ni ese dia ni a esa hora…

  3. Deisy dice:

    Muy interesante el comentario de Espinal. Esperamos que, como él, muchos más se percaten de que existen otras voces más allá y que no se limite a esta Isla que contra viento y marea navega en el Caribe a las visiones tergiversadas de nuestra realidad.
    A ti Katia, si no sucediera lo que narras en este post, pues no seríamos cubanos. Un abrazo
    http://kimbomboqueresbala.wordpress.com

  4. Acabo de cambiar el link de la fuente del artículo: “Un mundo de hambre” hacia tu blog. Ciertamente Muladar News se nutre de magníficos puntos de vista acerca de la pobreza extrema, los DD.HH y protección de las especies. Me da gusto saber que existe otras voces mas allá de Yoani Sanchez. Espero seguir nutriéndome de tus texto. Interesante Blogger. Saludos.

    Chinasklauzz

    Editor Muladar News

    • destinocuba dice:

      Bienvenido entonces. Sí, hay muchas voces distintas. Miradas objetivas, reflexivas, y hasta críticas de la realidad nuestra. Puedes conocer Cuba también por lo que están escribiendo muchos colegas nuestros. He ido armando toda una red en esta página. te invito a recorrerla, y si te parece bien, únete. “Blogueros de todos los países, uníos”. Un abrazo
      katia

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