Alejandro Robaina no tiene secretos

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EL REY DEL HABANO MURIÓ AYER, 17 DE ABRIL, EN SU NATAL PINAR DEL RÍO. ÉSTA ES LA ÚLTIMA ENTREVISTA REALIZADA A ROBAINA.

A Alejandro Robaina nunca le falta un buen puro torcido a mano, ni un sombrero de yarey para coronarle el rostro, tan surcado como su propia vega. Desde hace más de un siglo su familia y él están considerados los mejores cosecheros de tabaco del mundo. Es el único hombre en vida que tiene seis vitolas (marcas) con su nombre.

En las Cuchillas de Barbacoa, en los llanos pinareños de San Luis, aprendió el hábito y el arte de cosechar exclusivísimas capas de tabaco para la confección de famosos habanos cubanos, siguiendo la tradición que su padre y abuelo canario impusieron desde 1845.

“Veguero nací”, dice, mientras se balancea en uno de los sillones de su casa y aspira el humo del segundo tabaco del día. Se toma unos segundos para degustar el aroma, y comienza a hilvanar trazos de su vida. Comenta que de niño siempre tuvo un don especial para el cuidado de la tierra y los animales.

Ya no cabalga. Nunca les puso nombres a sus caballos, pero respondían al silbido con que los convocaba. Dicen que cuando camina por el jardín de la casa, las gallinas lo persiguen como imán, al igual que un perro viejo que lo acompaña por cada rincón de sus 16 hectáreas dedicadas al cultivo del tabaco, y en las que anualmente se producen capas para cubrir entre ocho y diez millones de puros, entre los 100 ó 160 millones que el país fabrica por año.

En reconocimiento a su labor, hoy es el único veguero cubano que en vida le ha puesto su nombre a una de las marcas de habanos Premium que Cuba exporta para más de 120 países. Las seis vitolas de sus Vegas Robainas, son tan reconocidas como las de Cohíba, Partagás o H. Upmann.

Como Embajador del Habano, título con el que también se le reconoce, en los últimos 20 años de su vida ha visitado las pirámides de Egipto, la Torre Eiffel, la Puerta de Alcalá, las ruinas del Circo Romano, las Torres Petronas, entre múltiples lugares hasta donde ha llegado para hacer valer la autenticidad de los puros de esta Isla.

Variadas publicaciones de Cuba y el mundo lo han entrevistado, pero siempre aclara que a la fama no le hace caso. En España compartió una portada con el cantante Julio Iglesias. En una de las más recientes ediciones de Gentleman le fueron dedicadas varias páginas de la revista, con similar destaque que a Brad Pitt y George Clooney.

“Si mi trabajo me ha puesto en el lugar de los hombres más elegantes, bueno, parece que eso es cosa de la naturaleza. Cuando nuevo no tenía dinero ni para tirarme una foto”, dice y vuelve a aspirar su buen tabaco, torcido a mano por una de sus nietas.

Robaina explica que el mundo del habano es de los millonarios porque ningún pobre puede pagar 50 dólares o más por uno. “Sinceramente, me siento a gusto con la gente sencilla”, apunta y e incita al diálogo, mientras envuelve al auditorio con el aromático humo que expira.

-¿Fama o respeto?

-Lo segundo. Me lo he ganado con trabajo. Mi mejor cosecha fue en medio de la plaga del moho azul en los 80, y le sigue la de este año; incluso, con el clima en contra.

-¿Quién fue su maestro?

-Todo lo aprendí de mi padre. Fue el mejor productor de tabaco en el año 1952. Tengo el pergamino que lo acredita. Por el año 1919 y 1920 hizo aquí las primeras terrazas. También, el ensarte bocarriba, y estimuló la siembra de tabaco con agua.

-¿Cuál es el recuerdo más remoto de su niñez?

-Yo criaba gallinitas enanas, y me pasaba todo el día tirándoles piedras a unos plátanos que eran morados, y yo creía que estaban maduros. Prácticamente no fui a la escuela. Llegué hasta tercer grado, pero fui una de las primeras personas que empezó a alfabetizar en Cuba. Diez años antes que Fidel.

“En una casa de tabaco puse unos bancos; cogí un cartón y lo pinté de negro para la pizarra; también busqué yeso para las tizas, unas libretas… A los cuatro meses levanté una escuela de mampostería. Allí se reunieron 60 muchachos. Al año siguiente tuve que irme al río Cuyaguateje y comprar guano y madera para levantar otra. Luego el Estado se hizo cargo”.

-¿Cuándo fue por primera vez a La Habana?

-Fui con un grupo para ver un campeonato mundial de boxeo profesional. Ese día llovió mucho y no se pudo hacer la pelea hasta el siguiente. Ganó un cubano llamado Kid Gavilán.

– Dicen que hay Robainas para rato…

-Tuve cinco hijos. El mayor ya falleció. Tengo 10 nietos y 12 biznietos. Quiero llegar a los 120 porque tengo tanta familia, tantos amigos, que quisiera durar para ver lo que ellos van a ser.

-¿Qué significa para usted ser cubano?

-Lo mejor de la vida.

-¿Por qué?

-Porque ahora tú puedes llegar aquí y me dices que quieres quedarte en la casa. Y si yo no tengo cama, te puedes quedar a dormir sobre una colcha en el piso, y ni las hormigas te pican. ¿Quieres una cosa más bonita que esa?

-¿Y las cubanas?

-Son muy hermosas.

-¿Qué es lo que más le gusta?

-El cultivo del tabaco. Es mi vida. También estar con mi familia y mis amigos. Me gustan las cosas históricas, como aquel molino que ya tiene cien años, con un motorcito de 1918.

-¿Hay algo que no ha hecho en su vida?

-No canto, nunca me he bañado en el mar; ni me he puesto camisas de mangas cortas. Tampoco he usado zapatos sin cordones; ni me pongo calzoncillos atléticos, porque me amarran mucho.

-¿Cuándo fue la primera vez que montó en un avión?

-Cuando fui a España hace como 20 años. Me gusta viajar, pero ya estoy un poco limitado.

-¿Se pone nervioso cuándo va a hablar en público?

-Como si estuviera en el portal de mi casa. En Suiza fui a una conferencia de prensa con 20 periodistas, y uno de ellos me preguntó por qué al tabaco toscano no lo pica el bicho y al cubano sí. Rápido le contesté que el bicho no come mierda. Mi respuesta salió en todos los periódicos.

-¿Pensó cuando muchacho que su vida iba a ser esta?

-¡Qué va! Mi primer sueño fue comprarme un caballo, y luego una bicicleta.

– ¿Y luego?

-Después quise comprarme un yipecito, y tuve un Mercury muy bueno. Más tarde un Plymouth, hasta que Fidel me regaló el Lada (ruso). Bueno, no me regaló nada. Me costó doce pesos, porque yo pago la chapa. Y fue un premio por mi trabajo.

-¿A qué edad comenzó a fumar?

-A los nueve años. En la mesa del comedor mi papá tenía siempre tripas de tabaco envueltas en papel encerado, y las capas dentro de una lata. Muy de madrugada me levantaba junto con él y lo ayudaba a torcer la fuma de los trabajadores, pero escondido siempre guardaba alguno. La primera vez cogí tremenda borrachera. La pasé en una casa de ensarte para que mi viejo no me viera.

-¿Tiene alguna costumbre?

-Me gusta usar el perforador (instrumento para cortar la punta del tabaco antes de fumarlo) Tengo una fosforera muy vieja, con cortadores. Tengo otra de la marca Dupont, de oro, pero no la utilizo porque no uso prendas.

-Pero fumar daña la salud y usted quiere llegar a los 120.

-Depende, si son Robainas… En Alemania tuve que dar una conferencia sobre eso, porque hay una campaña antitabaquismo. Ahí expliqué que el triunfo del habano cubano está en la manera natural con que se trabaja, en el abono ecológico que se le echa. Es un proceso muy largo, completamente manual. Está mal fumar cigarrillos, sobre todo por el papel. Es mejor que lo jóvenes fumen tabaco, y no marihuana.

-¿Lo principal para el tabaco?

-Yo no tengo ningún secreto, solo cuido mi tierra. Hay que amarla y hacer bien las cosas. Las hojas de todo San Luis y San Juan y Martínez, aquí en Pinar del Río, al occidente de la isla de Cuba, no saben igual a las del resto de país, ni a las cosechadas en otras latitudes del mundo. Eso se debe a que el campesino cuida la tierra con materia orgánica. En el tabaco no hay nada oculto.

-¿Ha hecho algún cambio en los cultivos?

-Todos los años hago un experimento con nuevas semillas y si sale buena, se tiran al mercado. Hoy hay unas tecnologías muy buenas. Desde hace 20 años vengo hablando del cambio climático, que le hace mucho daño a este cultivo. Ya las estaciones están corridas. Ahora hacemos semilleros en bandejas de poliespuma aéreas. Ahí se puede trabajar en corbata. Ya no hay que agacharse. Tenemos el fertirriego, casas de cura donde se le puede controlar la humedad.

-¿Alguna vez habló con Fidel?

-Tuve una discusión con Fidel. El quería que las tierras de tabaco estuvieran en grandes cooperativas, y que yo fuera presidente de una. Pero el tabaco tiene que ser familiar. Estuvimos discutiendo 32 minutos sobre el asunto. Lo último que me dijo fue: “¡Carajo, qué viejito este!”. Nos vimos otra vez en Tropicana, en la clausura de un Festival del Habano. Me subieron al escenario junto con él. Y yo le digo: “Comandante, la primacía que tenemos en el mundo no la podemos perder”. Entonces, me tiró el brazo por encima y me dijo: “Vamos a conversar de eso, pero aquí no podemos”.

-¿Qué es el amor para Alejandro Robaina?

-Lo más grande. Sin amor nada sale bien en la vida.

-¿Qué hay que tener para ser un hombre de éxito?

-Ser cumplidor y trabajador.

-¿Y para ser elegante?

-La naturaleza

-¿Tiene alguna creencia?

-Soy católico.

-¿Le gusta ver televisión?

-Especialmente la gimnasia rítmica. La pelota también.

-¿Escucha música? ¿Es cierto que conoció a Ricardo Arjona y a Sting?

-Me gustan las canciones viejas. Arjona estuvo en esta casa. A Sting lo conocí hace como 12 años, en España, con el rey Juan Carlos. Vino a mi mesa para que yo le firmara un autógrafo.

-¿Lo visitan mucho?

-Me han visitado muchas personalidades, y siempre tengo amigos y familiares en esta casa. García Márquez se pasó un día entero y me dijo que fue uno de los más felices de su vida. Almorzamos y cenamos juntos. Hablamos de muchas cosas. Hasta aquí llegan un montón de turistas, pero a veces me tengo que esconder porque no puedo trabajar. Una vez una periodista italiana vino aquí y me dijo que yo vivía en el culo del mundo.

-¿Y usted qué le contestó?

-Sí, pero no hiede.

-¿Cuál es el lugar que le falta por ver?

-China.

-¿Hay muchos dispuestos a seguir esta tradición?

-Yo tengo a mi nieto Hirochi Robaina. Desde hace diez años está en la vega conmigo. Primero se hizo tabaquero en las fábricas de H. Upmann y Partagás, en La Habana. Ahí es donde se aprende de verdad. Para el veguero todas las hojas son buenas.

“En las últimas cinco cosechas Hirochi ha estado al frente de casi todo. Ya no lo llevo tan recio. Nada más de mirarlo ya él sabe lo que quiero. En esta provincia nosotros somos los que aportamos casi todas las hojas que se usan para la capa de los habanos que se exportan.

-¿Cómo le gustaría que lo recordaran?

-Como lo que soy. Un campesino humilde.

Vladia Rubio y Katia Monteagudo

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Comments
3 Responses to “Alejandro Robaina no tiene secretos”
  1. heteroclito dice:

    Hola, yo e tenido la oportunidad de conocer y compartir, con Don Alejandro Robayna un dia muy especial.

    Resulta que, mi mujer y yo cojimos un taxi desde la Habana a su casa en San Luis, y cuando llegamos nos comunica si nieto Hirochi que no nospuede recibir, pero despues de comunicarle que tengo mucho interes y e viajado desde España y seria una pena no poder fumarme un tabaco juntos, pero lo mas anecdotico es que el tenia una visita muy especial, nada mas llegar yo vi en la puerta de su casa, dos coches de la marcaMercedes, pues hera nada mas y nada menos que el en bajador de Alemania, y por fin nos recibio,nos fumamos un Tabaco y no nos dejaba marchar pues salimos de su casa a las 9,20 de la noche. Osea un Hombre humilde generoso, hopitalario, bueno yo pienso que la palabra para definirlo es genial.
    Tu buen amigo Isidro, descanse D. Alejandro

  2. José Manuel dice:

    Katia, tienes un don especial para las entrevistas. Las haces amenas de leer y consigues que el personaje entrevistado resulte natural y nada encorsetado.
    En la firma sale el nombre de Vladia, supongo que la fotógrafa; me llama la atención que salga su nombre en primer lugar, aquí en España esto no ocurriría.

    • destinocuba dice:

      Vladia es también autora de la entrevista. Las dos estuvimos en casa de Robaina, luego de una semana de viaje por toda Cuba. Ella es una gran amiga y colega. Tiene un magnifico blog Hace calor en La Habana y trabajamos juntas en la revista Bohemia.

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