“Tanto la vida como la muerte están en deuda conmigo”

Thelvia Marín Mederos, con 86 años de edad, aún puede escalar un andamio a más de tres metros del nivel del piso. “Tengo mucha agilidad”, confiesa, sentada en el bar de su casa, ubicada en el barrio de Santo Suárez, en el municipio habanero de Diez de Octubre. En sus manos sostiene una copa de vino casero, echo por su hija, que nada tiene que envidiarle a la mejor cosecha de Oporto. “El año pasado hice un mural en la Casa Canaria, con nueve metros de ancho por 3.75 de altura”, dice, y muestra algunas fotos de la pared decorada por sus habilidosas manos.

“Todas las mañanas hago ejercicios tibetanos. Son muy buenos. Los escultores tenemos que tener fuerza”, comenta, y vuelve a saborear el néctar de uvas con que suele brindar entre amigos, repitiendo una vieja tonada familiar. Copa en mano se detiene a describir los cuadros que adornan hasta el techo de la singular habitación, donde bajo una tenue luz comienza a hilvanar la historia de su vida.

Quizás el haber nacido en una ciudad como la de Sancti Spíritus, al centro del país, de fuerte tradición cultural, y en un hogar donde la música y la poesía eran como el pan de cada día, hicieron de ella una artista multifacética. La escultura, la pintura, la poesía, la narrativa y la música conforman el mundo creativo de esta mujer que adora, entre muchas preferencias, los ritos mesoamericanos, la física cuántica y la música sinfónica que compone el mayor de sus hijos.

Thelvia al abrirnos la puerta de su casa, permite que nos adentremos en la intimidad del hogar. Recorrimos las distintas habitaciones, ataviadas por sus obras y la de la familia que le ha seguido los pasos. Varios cuadros de su hijo Gory y nieta Lisandra impresionan hasta al más desconocedor de los misterios de las artes plásticas. Otra copa de vino incita a las confesiones, bajo la tenue luz del bar.

-¿No le da miedo subir tan alto?

-No. Más temor me dan los huecos.

-¿Desde cuándo vive en esta casa?

-Desde 1947. Primero residí cerca de la escuela de San Alejandro. Ahí vine a estudiar escultura con una beca de 19 pesos con 75 centavos. Mi familia se quedó en Sancti Spíritus. Como soy hija única, traje a mis padres para acá. Cuando me casé, mi suegro, que era médico, vivía a tres cuadras de esta casa, y entonces la alquilamos. Después ya se hizo de la familia. Aquí nacieron mis tres hijos, dos varones y una hembra; murieron mis progenitores, y mi esposo y yo, hasta que él falleció, tuvimos 43 años de matrimonio.

-¿Le gusta estar en casa?

-Yo soy de los caminos. En mi poesía siempre está presente ese andar y andar. Mi madre decía que lo único que yo hacía bien era la maleta del equipaje.

-Dicen que usted es una mujer renacentista.

-Así me han calificado por la variedad de frentes que he asumido con criterios muy profesionales. El arte es como un árbol y las distintas manifestaciones son como ramas. La música, la escultura y la escritura no necesitan un lenguaje fijo. Entran por los sentidos.

-¿Siempre ha sido tan multifacética como artista?

-Realmente no sé cuando comencé a aprender música. La poesía fue igual. Mi casa siempre estaba llena de poetas y trovadores. Toda esa gran fuente de creación era cotidiana en mi hogar. A los 14 años escribí y orquesté dos canciones para la agrupación de mi padre y ahora mi hijo mayor, Jorge López Marín, director de la sinfónica, las va a sacar en un disco con el sello musical Colibrí. Se titulan Leyenda India y Linda. Las incluyó en el primer y segundo movimiento de dos conciertos para violín y orquesta. Uno de estos ya está estrenado en Cuba y en Nueva York por el gran violinista Eric Grossman, esposo de mi nieta Lida.

-Pero Thelvia Marín es más conocida como escultora, que como músico o escritora.

-Es así como más me conocen. Soy la única escultora en Cuba con tres obras monumento nacional: los conjuntos escultóricos a Serafín Sánchez y a Camilo Cienfuegos, en la provincia de Sancti Spíritus, y la Colina Lenin, en la pequeña ciudad de Regla, dentro de la capital del país. También en Costa Rica tengo la escultura más grande de mesoamérica: el Monumento al Trabajo, al Desarme y a la Paz, en la Universidad para La Paz de la ONU en ese país. Es además uno de los más grandes del mundo dedicados a ese tema.

-También la escultura a Faustino Pérez, en la ciudad de Cabaiguán, le resultó muy importante

-No quería irme del planeta sin dedicarle ese homenaje. Fuimos siempre muy buenos amigos. Él fue mi jefe en la lucha clandestina contra el dictador Fulgencio Batista, quien gobernó Cuba en los años 50 del siglo pasado. Yo nunca hablo de esa parte de mi vida, porque considero que es una etapa en la que había que tomar posición. No creo que sea una heroína.

-Pero fue arrestada por el jefe policial y torturador Esteban Ventura.

-Probé lo que podía llegar hacer y hasta dónde el valor y los principios me acompañaron. Yo era jefa de un grupo clandestino, y entonces vino a buscarme en cinco patrullas a esta casa. Cuando Ventura se cansó de interrogarme, me dijo: “Así que eres valiente y no quieres hablar. Ahí están tus dos hijos en esa habitación, los vamos a torturar y a matar.” Yo le dije: “Ellos me estorban, los puedes matar ya”. Cada vez que se me acercaba, le iba para arriba a decirle cuanta barbaridad se me ocurriera. Decía: “Que esa mujer no me mire. Estos revolucionarios no quieren ni a los hijos”. Y yo soy una madre patológica, sobreprotectora, y mis hijos son mis tres brillantes. Al otro día me soltaron. Me ayudó algo que he cultivado toda mi vida: ser impredecible.

-¿Eso la hace ser una persona difícil?

-De una difícil facilidad. Jamás peleo. Mi madre decía que yo vivía fuera de la realidad, y yo le respondía que tenía derecho a crearla donde quisiera, con absoluta libertad para pensar, hacer o decir.

-¿Qué prefiere la experimentación o seguir una línea determinada?

-La experimentación, que sustenta el desarrollo y la creatividad.

-¿Cuál material le resulta mejor: el mármol, el bronce o la piedra?

– En Costa Rica se dice: “Cuando no hay perro, se montea con gato”. He tenido que enfrentarme a distintos materiales. Yo los miro y les digo: “fíjate, tú no te gobiernas”. De esa forma he podido hacer esculturas muy grandes. La mayoría bastantes temerarias. Puedo trabajar con cualquier cosa.

-¿Su escultura preferida?

-La que quiero hacer: la estatua de La Madre América. Llevo años pensando en esa escultura, desde 1997. Ya tengo el boceto y está en la portada de mi libro Viaje al sexto sol. Sueño hacerla, con más de tres metros de alto, en la Plaza de Indo América en Quito, Ecuador. La veo como la Gran Pacha Mamma, como la estatua de la libertad de nuestros pueblos del sur. Esta es una gran reina.

-¿Es cierto que hace años se le perdieron unos 20 minutos?

-Sí, eso digo, por eso siempre estoy apurada.

-¿Tiene alguna creencia religiosa?

-No. Cada vez que yo hago algo me entrego en cuerpo y alma. Cuando escribí un libro sobre religiones afrocubanas, aprendí mucho de ese mundo. Mi hija decía que me había metido a palera (rito religioso afrocubano) Pero una cosa es estar y otra ser.

-¿En qué manifestación se siente más cómoda?

-Me siento plena y realizada en la escultura, aunque hay quien dice que soy mejor como escritora.

-¿Y quién le ha dicho eso?

-Varios escritores, pero me alegro de que no hayan sido los escultores. Me fascina el lugar donde se esté picando mármol, haya olor a soldadura, a fundición. Es muy excitante.

-Thelvia tiene una relación muy especial con Martí desde niña, ¿por qué?

– Nací en la calle espirituana Llano. Allí viví hasta los seis años. Por las tardes, mi mamá me sentaba en un silloncito frente a la ventana, y por ahí pasaba todos los días el general Raimundo Sánchez Valdivia, hermano de Serafín Sánchez, también general de la guerra independencia. Se ponía a contarme cosas de aquellos años. Yo era una niña, pero a mi me encantaba que aquel señor me hiciera esos cuentos.

Me habló cómo mataron a su hermano, y esa escena la reproduje en el monumento que le hice. También que había sido escribano de José Martí, el Héroe de la Independencia de Cuba, en Nueva York, cuando estaba preparando la guerra del 95. El Apóstol tenía cuatro escribanos, uno de ellos era Raimundo. Y a los cuatro les dictaba, casi al mismo tiempo, textos diferentes. El siempre decía que tenía mucha dignidad, y que a su hermano fue a quien más cartas le envió.

-Ya confesó que prefiere la escultura, pero no prescinde de la música ni de la escritura.

-Sobre todo de la escritura. Me gusta investigar. Prefiero los temas históricos. Qué cosa es el libro Viaje al sexto sol. Es un libro de viajes, donde utilicé una investigación de cinco años, que terminó con la invitación que me hicieron los indios maya-quiché para encender el fuego en su montaña sagrada, a la espera del nuevo siglo maya. Eso fue un honor.

-Se puede decir que Thelvia es una mujer fuera de tiempo

-Nunca acepté los parámetros filosóficos, morales, religiosos con que me criaron. Siempre tuve una actitud independiente. Con solo eso ya uno está fuera de lugar y de contexto. A veces es estar un poco solitario. Ahora sigo igual, porque eso no era una actitud transitoria frente a la vida. Eso me trajo ciertas dificultades. No domésticas. Las personas inadaptadas son polémicas.

-¿Alguna vez ha negado algún trabajo?

-Sí, creo que he escrito algún poema que no debí.

-¿A alguien en especial?

-No. Cuando lo he dedicado es porque lo ha merecido, para bien o para mal.

-Lo que menos le gusta hacer

-Cocinar. Soy pésima. También aburrirme.

-Hay varias obras suyas fuera de Cuba.

-Tengo esculturas de Martí en 14 países. En las Islas Canarias tengo tres obras grandes. El año pasado en Tenerife inauguré la escultura que le hice a la madre de Martí. La primera fue un homenaje al labrador y la segunda está dedicada al emigrante canario. Además en Costa Rica y Ecuador.

– ¿Qué cree Thelvia de la vida y de la muerte?

-No pedí nacer, tampoco pedí morir. Tanto la vida como la muerte, están en deuda conmigo. Ese es mi epitafio. Lo escribí yo misma.

-¿Cómo le gustaría que la recordaran?

-Como viva, rebelde, independiente.

-Dicen que usted es un escándalo creativo.

-Fue el escritor Virgilio López Lemus el que me lo dijo, y usó además una frase que casi nunca le dicen a las mujeres. Dijo que era una sabia.

-¿Se considera sabia?

-Yo se lo dejo decir a los demás.

-También han dicho que usted es una mujer en busca de la ternura.

-Quizás es que no soy tan fuerte, y es una forma de ocultarme, quien quita.

-¿En qué trabaja actualmente?

-Estoy escribiendo un libro sobre mi familia canaria. Acabo de publicar una novela en los Estados Unidos. Se titula La amante japonesa del obispo kamikaze. Yo siempre estoy escribiendo. Lo mismo poesía, que recopilando historia. También estoy haciendo algo sobre Sancti Spíritus, pero me sale una cosa tan surrealista, que creo que no se podrá publicar. Allí el tiempo es como chicle, se estira y se encoge.

-Thelvia es espirituana, habanera, cubana, indoamericana…

-Martiana. Haciendo en cada momento, lo que el momento requiere. Soy lo que vivo. Diría esencialmente espirituana, pero me siento ciudadana del mundo, muy intergaláctica.

-¿Se considera realmente una mujer con 86 años de edad?

-Desde el punto de vista externo tal vez. Pero del punto de vista interno no. Me gusta bailar, tomar un trago a cualquier hora, pasear. Amo la alegría, divertirme, el amor. Soy la negación de la hipocondría. A mí no me duele nada. No sé que edad pueda tener una persona que no va al médico.

-¿Ha tenido muchos amores?

-Siempre he tenido muchos amores, aunque en un poema digo que “cambié el amor por sinamores”. Creo que es mejor estar buscándolo. Si lo tienes ya es cosa del pasado.

-¿Cuál es su temporada preferida?

-El invierno. También estar a la orilla del mar cuando está turbulento.

-El lugar que más le gusta de Cuba

-Las montañas del Escambray (al centro de la Isla) Tienen una magia muy especial. Me gusta la Gran Piedra y Baconao (al oriente de Cuba).

-Y de esta casa, ¿cuál es su lugar preferido?

-La puerta de la calle. También el rinconcito donde tengo mi computadora. Aprendí en Costa Rica, porque hay que saber andar con los tiempos. El anacronismo no tiene nada que ver conmigo. Por eso me gusta tanto la física cuántica y la he utilizado muchísimo. La Física es la poesía del futuro.

-¿A qué lugar le gustaría ir?

-Creo que al Cosmo o a la Luna.

-¿Música preferida?

-La sinfónica. La que escribe mi hijo Jorge, soy chovinista. Cuando me siento al piano toco canciones populares. La que me salga. Me gustan mucho los ritmos indígenas, por los diez años que viví en Costa Rica,

-¿Se atrevería a posar desnuda a esta edad?

-No, no lo creo. Cuando joven me hice una escultura del torso desnudo. Estaba en San Alejandro cuando eso. Ahora no debo ofender el paisaje.

Katia Monteagudo

VEA MÁS EN ROSTROS DE CUBA

Anuncios
Comments
One Response to ““Tanto la vida como la muerte están en deuda conmigo””
Trackbacks
Check out what others are saying...
  1. conquistar a una mujer…

    Este blog tiene excelentes consejos sobre como conquistar mujeres…



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Pasajeros a bordo

    • 84,878 clicks
  • free counters
  • Este mes, desde