Babilonia tropical

Empeño titánico resulta definir todas las caras de ese poliedro que constituye la cubanía. Identidad calidoscópica en un retozo constante, con luces de todo el espectro que se intercambian,  funden y revolotean. Un carnaval de colores, a ritmo de guitarras, tambores batá, cornetas chinas, violines, incluso balalaicas,  hace de lo que somos un ajiaco de culturas, como diría Fernando Ortiz, superpuestas unas sobre otras, cocidas en el calor y los vapores de esta isla caribeña en un proceso perpetuo que aún no termina.

Tomemos la imagen del prisma para ilustrar nuestra identidad. Cuando por el mismo penetra un haz de luz, éste último sale descompuesto en todos los colores. Miremos a la cubanía de igual forma, pero invertido el proceso. Los distintos tonos lumínicos confluyen en un prisma para hacer salir un chorro de luz por una de las caras. Así es nuestra cultura.

La historia hizo coincidir aquí de forma casi caprichosa universos muy distintos: el hispánico, el africano, el asiático, el anglosajón, el francés, el aborigen, el eslavo. Negados unos, idolatrados otros, según la coyuntura histórica. Pero, indudablemente, en menor o mayor medida cada uno de ellos dejó su vestigio, luego desdibujado, intercalado, reconfigurado. Pudiéramos decir que por esencia, la cubanía es cosmopolita desde los genes. Especie de Babilonia cultural, en el que las diferencias iniciales, el extrañamiento del Uno por el Otro, desaparecieron  en nuestra isla y han hecho una identidad universal, camaleónica, adaptable, en una dialéctica de fuerzas centrípetas y centrífugas que nos lanzan hacia el mundo, y el mundo se proyecta en nosotros.

Los componentes hispano y africano conformaron el núcleo de nuestra identidad, y como tal, constituyen los componentes principales de la cubanía. Durante cuatro siglos de historia, el sistema colonial, en el que las relaciones de poder hacían al español fustigar el látigo  sobre la espalda del negro, determinó que las pérdidas culturales y readaptaciones fueran mayores para el africano. Mientras, para el hispano, la metamorfosis estuvo dada por la disonancia de intereses con los de la metrópoli, las diferencias del ambiente natural cubano que traía nuevos estímulos inimaginables en Europa, el contexto distinto de las relaciones sociales y el propio intercambio con la población africana. De ahí, que la cubanía esté más cercana a Europa, al mundo occidental, aunque no por ello, buena parte de sus genes no provengan de África.

Ejemplo de ese sincretismo, podemos hallarlo en la religión. La deidad negra Oshún, se convirtió en la cristiana Virgen de la Caridad del Cobre; Shangó, en Santa Bárbara; Babalú Ayé, en San Lázaro. Pero no fue una suplantación de lo uno por lo otro, sino una simbiosis de cosmologías distintas, que conformaron una entidad nueva. A la Virgen de la Caridad se le llevan girasoles, por ser el amarillo el color de Oshún. A la Virgen de Regla -en el panteón yoruba Yemayá, patrona del agua salada-, se le tira kilos al mar como ofrenda.

Aunque vinieron desnudos desde África, consigo traían todo un imaginario, un mundo inmaterial de costumbres, cantos, creencias, formas de pensar y comportarse, que una vez desembarcadas en Cuba, al cruzarse con los milenios de tradición europea, eclosionaron en una nueva religión, música, carácter, baile y costumbres.

Si bien minoritaria, por su temprana extinción a causa de la explotación, la presencia aborigen también es palpable. En la lengua es donde se halla su impronta más visible, además de los alimentos y el tabaco, su herencia más indeleble. El medio de nuestra isla tropical, trajo a los españoles nuevos objetos de la realidad para los que carecían de palabras propias.  Ellos se apropiaron de los vocablos nativos: casabe, bohío, yuca, huracán…

La cultura de mestizaje la trajeron los propios españoles. Recordemos  sus ochocientos años de ocupación musulmana. Y ya desde entonces, las mixturas interculturales se sucedían. Mucha de la población musulmana enraizada en la península ibérica, se convirtió al cristianismo una vez que los españoles lograron expulsar al reino islámico de la región. El ADN ibérico, también está conformado a partir de mezclas palpables en su música –el flamenco-; la arquitectura –las casas de grandes patios interiores y con balcones salientes en la segunda planta-; el sin fin de palabras de origen árabe como almohada, alcohol, alhajas…

¿Fue la población africana quien inició las mezclas sanguíneas? No, sino los amos que violaban a sus esclavas; los burdeles repletos de mulatas y negras, a los que acudían los señoritos, y no tan señoritos, a satisfacer sus apetitos carnales; los mulatos como fantasía sexual de algunas damas, y muchas veces saciadas en encuentros extramatrimoniales. Y aunque la moral imperante de la sociedad proscribía cualquier atisbo de roce con la cultura negra –recordemos la supuesta superioridad racial europea y la mojigatería de los valores coloniales dictados por los españoles- los intercambios se sucedían, las nuevas formas brotaban. Y aunque no formaban parte de la llamada alta cultura de la época, ahí estaban las larvas de la cubanía, que ya ni era europea, ni africana.

La corneta china integrada a la más sabrosa conga

La inmigración china durante el siglo XIX como mano de obra en sustitución al trabajo de los negros esclavos, enriqueció con nuevos valores la savia de nuestra identidad. La corneta china integrada a la más sabrosa conga constituye el ejemplo más claro de aleación cultural. Y aunque el carácter de los chinos es más hermético –cuando llegaron a Cuba fundaron su propio barrio, como en las demás partes del mundo a las que llegan-, tampoco escaparon a las fuerzas centrípetas que mezclaban todo cuanto llegara a nuestra isla. Por la sangre del más universal de los pintores, Wilfredo Lam, corrieron los genes de tres continentes.

“La falta de relación, en un principio, con los otros grupos humanos asentados en Cuba, la discriminación racial y la dificultad en la comunicación hablada, hicieron que los chinos “californianos” importaran mujeres chinas o sus familias completas; y los chinos más pobres se unieran a negras, mulatas y blancas de pocos recursos. Esto produjo una mayor división de clases de los grupos chinos entre sí y la población cubana, ya que generaciones de criollos hijos de los dos padres chinos continuaban sus nexos culturales y se consideraban chinos, y los hijos mestizos de chinos y cubanas se consideraban criollos cubanos y no integraban los grupos sociales con los anteriores, que tenían más alto rango económico y social” 1, dice María Teresa Linares Savio en su artículo “Expresiones de la cultura china en Cuba: el teatro, la música”.

Y concluye: “La ópera china tradicional mantuvo la relación del inmigrante y sus descendientes con las tradiciones y costumbres de su país, y propició la introducción en Cuba de los elementos del arte milenario de China a través de sus danzas, la música y los elementos dramáticos de novelas, historias y viejas leyendas”2.

Hasta aquí las fuentes esenciales de nuestra identidad. Pero alrededor del tronco existen varios centímetros de corteza. Cuando ya de por sí, desde España nos llegaba la mentalidad del mestizaje, los distintos periodos históricos propiciaron la convergencia de otros mundos en la Isla, que entraban en contacto con una cultura ya formada y conciente de sí.

Arco del Triunfo en Cienfuegos, única construcción de su tipo en Cuba

La presencia francesa también aportó su ladrillo al edificio de la cubanía. A partir de la Revolución de Haití muchos terratenientes francófonos desembarcaron en nuestras costas en huída a la ira de los esclavos. Sus aportes a la técnica del cultivo del café y la caña de azúcar fueron primordiales para el boom económico cubano de fines del siglo XVIII y primeras décadas del 1800. También a ellos se debe la introducción del gusto por la ópera y los teatros construidos para tales fines. Sin dudas, la huella más palpable lo constituye la ciudad de Cienfuegos, fundada por franceses y única de su tipo por su arco del triunfo y demás elementos al más puro urbanismo galo.

El fin del colonialismo español, y el inicio de la República burguesa bajo la tutela yanqui, significó para la sociedad cubana un cambio de valores, representaciones y formas de ver la vida. Con el desembarco de los marines, llegó la mentalidad del time is money, los Chevrolet –que aún sobreviven-, el pragmatismo anglosajón, posteriormente Hollywood y toda su carga del  american way of life, el capitalismo más salvajemente competitivo,  el jazz y todos sus compañeros, el racismo despiadado y paradójico, porque rechazar lo negro era negarnos a nosotros mismos.

Pero aún cuando la Revolución echó abajo el dominio estadounidense, otros lazos, aún más fuertes de romper, surgieron: los familiares. La emigración, y por tanto, el surgimiento de un exilio afincado principalmente en Miami, creó nuevas formas de comunicación e intercambio, en el que la familia de Allá reflejaba  sobre la de Aquí, los patrones de vida americano. Además, sólo por un problema de cercanía y con todo un aparato mediático a su servicio a través de películas, series, música, modas, los Estados Unidos aún influyen en la construcción de nuestra cultura.

¿Y qué decir de la presencia rusa? La sovietización de la Isla en las décadas de los 70’ y 80’, significó un flujo entre unos países que sólo tenían en común su ideología. Muchos cubanos hicieron sus estudios superiores en la Unión Soviética, y no pocos regresaron con un ruso a cuesta. Tampoco, no faltó ruso que cargó con su mulata.   La arquitectura, el arte, el discurso, la forma de vestirse, la industria, todo, o casi todo, estuvo signado por la huella eslava.

Las fuerzas centrífugas han configurado el carácter universal de la cubanía. Varios millones de cubanos andan desperdigados por el mundo, y cada cual, en menor o mayor grado de identificación con sus valores autóctonos, los ha reconfigurado en consonancia con los de la sociedad en que vive.

De esta forma, de flujos y reflujos, quinientos años de alquimia han creado una sustancia dúctil, que a pesar de las barreras internas y externas, se sabe universal, cosmopolita, especie de Aleph borgiano, de calidoscopio en movimiento. Ahora, cuando los flujos son más veloces y están mediados por nuevas formas de vínculos,  como la Internet, los satélites, la globalización del mercado, aún cuando Cuba escapa al mareo posmodernista, el espíritu de la universalidad vive en nosotros. Nuestra historia ha estado signada por la convergencia de mundos que aquí se han mezclado y creado esta especie de Babilonia tropical.

Luis Alejandro Yero

1“Expresiones de la cultura china en Cuba: el teatro, la música”

2 Ibídem

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Comments
2 Responses to “Babilonia tropical”
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    Thumbs up, and keep it going!

    Cheers
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  2. Frantz dice:

    Hola Katia,

    Très édifiant cet article, il a enichit ma connaissance sur l’identité cubaine. Une bonne piste et une base importante pour une étude plus approfondit des différentes composantes de cette mosaique qu’est la société cubaine.

    Abrazo

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