La casa de Ramo

Ramo es el vecino que vive frente a la casa donde yo nací, allá en Sancti Spíritus. Mi casa como le suelo seguir diciendo. En la calle Ciro Redondo, del barrio de Jesús María. Él dice que es más viejo que el puente Yayabo, hecho con cal y leche de vaca hace más de dos siglos.

Desde que tengo memoria, y ya me acerco a los 45, Ramo siempre ha tenido la misma imagen. Un hombre alto, de piel trigueña, pelo negro, vestir elegante, muy educado, extremadamente puntual y quisquilloso con su trabajo y su casa. También es masón y católico.

Por mucho tiempo lo vi trabajar en una carnicería. Era considerado un gran comerciante. Sobre todo justo. Se jubiló como administrador de un supermercado, de los pocos de mi aldea en los años 80, atestados de mercancías del campo socialista. No le faltó nunca un quilo en su contadora. Ni se le perdió una lata de leche evaporada.

El fue uno de los tantos a quien la Revolución le intervino su negocio en aquella famosa ofensiva de los finales de los 60. Fabricaba muebles. Era dueño de varias carpinterías. También perdió más que una fortuna cuando el primer cambio de dinero del joven gobierno revolucionario. Dice mi madre que quemó varios sacos de dinero.

La mitad de la familia de Ramo emigró al norte. Y allá son prósperos comerciantes. También se fueron del país su único hijo varón, Manolito, y dos nietos. Su vástago murió en Costa Rica en un accidente automovilístico. Allá fue a dar después de los 90. Ya era un eminente cardiólogo cubano, cuando decidió irse de esta isla, en los años más duros del período especial. Quería tener su propia clínica, un carro, una casa inmensa, dinero. Y lo logró. Pero su sueño se despeñó montaña abajo, luego de dar una consulta médica en un pueblito en el fin del mundo costarricense. Y ahí dejó una viuda y dos huérfanos. Manolito descansa aún en el cementerio de San José. El resto de la familia voló en busca del sueño americano.

El mayor de los nietos de Ramo también murió en un accidente. En una carrera de autos nocturna con varios jóvenes. Solo hacía cinco años que su padre había fallecido trágicamente en la tierra tica. También solo hacía una semana que se había comprado su primer auto. Tenía 18 años. En ese momento la vida volvía a pasarle la cuenta a Ramo. Todavía no se había recuperado de la pérdida de su hijo, cuando le llegó la noticia del nieto. Incluso le sangraban otras heridas.

Un cuñado de Ramo se salvó milagrosamente del paredón y pasó varios años de cárcel por haber sido miembro de una de las bandas contrarrevolucionarias en las montañas del Escambray. Un sobrino murió en Venezuela, intentando secuestrar un avión para regresar a Cuba. Había sido enviado allá por sus padres, como uno de los tantos Peter Pan. Era un adolescente y no soportó la lejanía. Murió en el intento del secuestro, a manos de la policía. El hermano de su nuera está desaparecido aún en las selvas angolanas, donde fue a combatir como soldado internacionalista.

En la casa de Ramo han sobrado tristezas a lo largo de medio siglo. Su morada y la nuestra quedan una frente a la otra. Nariz con nariz. La calle es lo único que las separa. Basta cruzarla y subir la otra acera para entrar a cualquiera de estas.

Dice mi madre que no recuerda la primera vez que visitó a Ramo. Ella llegó desde el Oriente como parte del equipaje de alfabetizador de mi padre, quien la encontró en las montañas de la Sierra Maestra y la trajo como esposa. Era oriental, guajira y mulata. Demasiados pecados juntos para una vieja ciudad, aún cargada de prejuicios. Pero la casa de Ramo fue la primera en recibirla. Y tras mi madre, todos nosotros después que nacimos.

Si algún día me decido escribir mi vida, no puede faltar ese hogar. Allí, mis tres hermanos y yo, pasamos también nuestra infancia, adolescencia y parte de la juventud. Esa casa fue una extensión de la nuestra. Allí comíamos, jugábamos y hasta dormíamos. Aunque allá se creía en Dios y en la nuestra en el Comunismo. Allá se reza todas las noches un Padre Nuestro. Acá se leen y se discuten materiales políticos.

Ramo, al centro, junto a dos de mi hermanos, mi madre y mi sobrina María Carla.

No obstante, Ramo y todos nosotros hemos convivido juntos casi medio siglo. Cada uno con sus ideas, y cada uno con sus respetos. Y siempre unidos. En mi casa se guarda la única copia de la llave de su vivienda. Cuando la reconstruyó, todos sus muebles se guardaron en la nuestra. El primer plato de la cena de fin de año es para Ramo y su esposa Esperanza. Aunque de acera a acera se han cruzado más que platos de comida. Cada alegría, cada pérdida, cada enfermo se han intercambiado también. Juntos en velorios, hospitales, bodas, nacimientos, cumpleaños, días de las madres o de los padres. Si algo falta en una casa, se busca en la otra.

Todo lo que se rompe allá, en la mía se le busca arreglo. Ramo hasta hizo colocar un timbre desde su morada para avisar cuando alguien nos llame por teléfono. Mis padres nunca han tenido uno. Y no ha hecho falta. “Llama a Ramo”, siempre me dice mi madre.

Mi vida y la de mi familia no se pueden contar sin la de Ramo. Con él y su esposa fui al cine a ver mi primera película para mayores de 12 años. Su hijo Monolito venía todas las tardes a ver los muñequitos con nosotros, porque en mi casa otorgaron el primer televisor ruso de la cuadra, que solo se entregaba por méritos revolucionarios.

Él únicamente podía visitar nuestra casa, y con nosotros mataperreaba por el barrio. Conmigo y mis hermanas también aprendió a bailar, después que salía del catecismo. También arrolló por primera vez detrás de una comparsa espirituana en una noche de carnaval. Igual escuchamos por primera vez los ABBA en la grabadora que le mandaron sus tíos de Miami. Y vimos la primera telenovela en colores, cuando el viejo Krim- 218 ruso se fue a bolina por falta de bombillos. Del norte le mandaron a Ramo el primer televisor SONY que se vio en mi cuadra.

Ramo ha vivido mucho. Y ha sufrido también. Creo que tiene más de un siglo de vida. Siempre lo he visto igual. Las mismas arrugas, el pelo casi sin canas, bien vestido, bromeando, cocinando o brindando café a sus visitas. Él ha pasado por todo lo malo que pueda pasar un hombre. Perdió negocios, dinero, hijo, nieto, sobrino… Más que motivos para querer marcharse de esta Isla. Nunca ha querido. Y hasta Miami ha ido. “Allá nada hago”, dice.

Ramo ha pasado por mucho, para quizás poder odiar mucho también. Pero creo que su fe no lo ha dejado. Él es un hombre convencido de lo que profesa. Por eso imagino que no anda cargado de odios, ni de culpas. Lo supongo, porque de su boca nunca le he escuchado decir esas palabras.

A lo largo de estos años, Ramo también ha sido como otro padre para nosotros. Hijos muy comprometidos con la misma Revolución que todo le quitó. Él y su casa siempre han estado ahí para nosotros: comunistas y sin religión. La calle es lo único que nos ha separado durante 50 años. Cada casa en su acera, pero juntas en alma. Mucho hemos conversado. De lo humano y lo divino. Él es uno de los hombres más honrados que conozco. Nunca habla mal de nadie. Ni de Fidel,  revoluciones, ni del socialismo, incluso.

Katia Monteagudo

Anuncios
Comments
10 Responses to “La casa de Ramo”
  1. Yuddy dice:

    lindoooo relato, toda la bondad de Ramoz reflejada Dios lo acoja en su seno,Persona maravillosa

  2. Sarah Encarnación Rivero Suarez dice:

    Gracias Katia por dejarnos conocer esta relación ejemplar entre las familias cubanas y de una manera tan elocuente. Y Ramo EPD

  3. Iliana dice:

    Conocí a Ramo cuando era casillero frente a mi casa. Yo era una jovencita guajira que se casó y fui a vivir al “pueblo” y tengo tanto que agradecer a este señor que fue tan servicial y atento conmigo que todo lo que escribiste me ha llenado de emoción. Honor a quien honor merece!

  4. Victor dice:

    Me gusto mucho tu relato de la historia de tu vecino familia, que es lo que son los buenos vecinos en nuestro país, donde comparte lo que no tienen. Gracias por recordarnos lo que somos y no debemos nunca olvidar.
    Gracias y que Dios te bendiga.

  5. PEDRO PEREZ dice:

    GRACIAS POR ACORDARTE TAN BIEN, DE TUS VECINOS QUE AL FINAL SON TU FAMILIA,. GRACIAS. PEDRO

  6. Revolucionario hasta la Muerte dice:

    Muy lindo tu escrito. Y estoy de acuerdo 100% con el comentario de Rafael.

    Tienes mi voto para que escribas tu biografia. Escribes muy lindo. Ademas de muy buena periodista tienes el talento de escritora.

    Por casualidad tengo grabada la pelicula Habana Blues. La dieron aqui por la television. Y tambien el documental Balseros.

    Pienso que ha sido un error el tratar de dividir a la poblacion cubana en “revolucionarios” y “no revolucionarios”. Al final todos somos cubanos y compartirmos los mismos valores. El pensamiento politico no debiera ser un motivo de division. Como lo demuestra tu historia con un poco de compresion todos nos podemos llevar como una buena familia.

    Muchos Saludos.

  7. Pharma95 dice:

    Hello! eddabfd interesting eddabfd site!

  8. Rafael dice:

    Hola, me ha encantado esta imagen de la familia espirituana de Ramos. Casualmente ayer volví a ver el documental Balseros, motivado por una película encantadora que al parecer era el único cubano que no la habia visto (Habana Blues), y en ese documental se ve reflejado el drama de la emigración, de la ruptura familiar, tan bien como en la película. Yo creo que hay de todo en la viña del senor, pero al menos a la mayoría de las personas que conozco y en ellos incluso me incluyo yo, nos pasa que por querer ver los árboles no vemos el bosque. Ramos creo que representa la esencia de la familia cubana, esa que no debe desaparecer, que va más alla de condiciones económicas y origenes sociales.

Trackbacks
Check out what others are saying...
  1. […] This post was mentioned on Twitter by Gana Dinero en Casa, DestinoCuba. DestinoCuba said: La casa de Ramo: http://wp.me/pJzLA-vF […]



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Pasajeros a bordo

    • 85,446 clicks
  • free counters