Esperando la caldosa

“En estos momentos está hirviendo la caldosa en todos los Comité de Defensa de la Revolución (CDR)”, exclama la pantalla del televisor y a uno no le queda más remedio que acompañar al arrebato infantil de la frase. El programa, ni siquiera es en vivo, y sin embargo, por un segundo creo que están filmando en directo el jolgorio popular por el 50 aniversario de los CDR. Sonrío, es más, carcajeo a mandíbula fracturada, porque afuera, sí, se oye un pegajoso reguetón que reza: “el oro es mío, repártanse la plata y el bronce”; se siente la bullaranga de una fiesta y de vez en cuando se escuchan explosiones de petardos.

Pero mi risa viene como resultado de la combinación  hilarante entre las palabras televisadas y la realidad que bulle afuera. La música, es la de todas las noches con las infinitas fiestas de mis vecinos que no creen ni en días laborables. La algarabía, los acostumbrados estruendos de un barrio semimarginal, humilde, y proletario (¡qué mezcolanza!). Las explosiones, los muchachos poniendo bombitas hechas con casquillos de balas y cabezas de fósforos, con el fin de asustar como perversa travesura. ¿Y la caldosa? Bien, la compañera está en perfectas condiciones, sólo que este año se ausentó por problemas logísticos.

Casi no recuerdo la última vez que en mi barrio celebraron el día de los CDR. Para quienes nunca han vivido la deliciosa comedia humana de la barriada reunida alrededor de una caldera hirviente con yuca, plátano, carne, malanga, y demás aditamentos  de un buen caldo de viandas y proteína –conocida en Cuba como caldosa-, cada 27 de septiembre celebramos la fundación en 1960 de lo que en el resto del mundo podría llamársele consejo de vecinos.

Aquí, le dieron un nombre epopéyico –eso de consejo de vecinos suena demasiado flojito-, constituye una de las principales instituciones sociales, se ingresa automáticamente a los 14 años, y representa base del sistema –al menos en el guión-, al asegurar la participación ciudadana en la construcción y defensa de nuestro proyecto social. Y hasta ha surgido un gentilicio, cederista, especie de segunda nacionalidad para los cubanos. También, constituyen delimitación urbana, especie de pseudo-parcela para demarcar manzanas, bateyes, caseríos y demás concentraciones. Mikaela en qué CDR tú vives, Ni me digas nada, niña, en el 69, Ay por tu madre, en qué arrabal has caído, vieja.

Por muchos años, constituyeron tradición intocable, orden de los Caballeros Templarios, Santa Iglesia Ortodoxa, la masa velando por su Revolución. Unas siglas acompañadas por las consignas de hace 50 años, los mitos repetidos una y otra vez, incluso la canción que la identifica –sí porque los CDR tienen hasta su propio estribillo: “en cada barrio, Revolución, en cada barrio, un comité”- se ha mantenido como una balada de cuna inmemorable, aunque este año la remezclaron en versión salsa.

Rodeados por la mística de todo proceso revolucionario, una vez superada las odiseas fundadoras, quedaron en los mismos lemas, al punto de convertirse en simpáticos clichés. Enseguida el populacho comenzó a pervertir con su caos a los CDR. Un ejemplo, en uno de los tantos barrios en los que he vivido, la Jefa de Vigilancia, pues, nada, era la que anotaba la Bolita, la lotería cubanizada, y por tanto, ilegal en el país.  Mientras para unos, aún representa institución sagrada, a otros les recuerda el abuelito medio nostálgico, medio loco, y sus remembranzas de un tiempo dorado dejado en el pretérito.

A pesar de todo, campañas contra el mosquito causante del dengue, recogidas de materia prima, limpiezas de basura, vacunaciones masivas o estudios médicos, vigilancia contra acciones delictivas, son algunos de sus tantos arranques de actividad. En un pasado, los extremismos también los convirtieron en agente inquisidor, aunque sin mandar a la hoguera, excluidor de cualquier ovejita negra –homosexuales, disconformes, emigrantes-, metiendo en un mismo saco a quienes atentaban contra la Revolución y a quienes no encajaban en los moldes de la época.

Hoy, muchos barrios aún esperan en medio de los vapores de la caldosa, el ron y la música ensordecedora, el 28 de septiembre, día fundacional de los CDR hace 50 años. Para otros, constituye un día con las rutinas de siempre y sin motivos especiales para el jolgorio. Quizás sea que el arrebato de las ciudades recluyen a las personas en los metros cuadrados de sus casas, o quizás, sencillamente no encuentran motivos para celebrar junto a unos lemas pretéritos, unas motivaciones que no pueden recordar, o no les pertenecen.

Al regresar de la universidad hoy en la tarde, de vez en cuando me encontraba con una caldera humeante, indicio de una futura degustación de caldosa –pareciera que hablo de catar vinos-. De hecho, en estos mismos instantes, de una manzana cercana me llega el sonido de unos voladores que lanzan al cielo y unos aplausos por alguna recóndita razón. Aún me resuena la frase “en estos momentos está hirviendo la caldosa en todos los Comité CDR”, algo así como el veni, vidi, vici, de Julio César. Todavía me río por la bofetada de la realidad. En mi edificio, sólo se oyen los ecos de algarabías lejanas. Hace unos minutos una grabadora escupía a ritmo de reguetón: “yo lo que quiero es que me dejen vivir, pa, pa, pa, pam”.

Luis Alejandro Yero

En Cubadebate, la otra historia de los CDR

Les dejo el video de la nueva versión de la canción de los CDR a ritmo de salsa

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Comments
2 Responses to “Esperando la caldosa”
  1. mau dice:

    Luis, por si quiere escuchar otra campana. Esto es lo que opina un cubano de los CDR : “Los CDR son un sistema de vigilancia colectiva comunista. Los que viven en Cuba en cada cuadra, barrio o comunidad, son conminados a participar en esta organizacion. Para poder tener un trabajo (solo hay trabajos estatales en Cuba hasta hoy) los formularios contienen el acapite que pregunta si es ustes revolucionario y si pertenece a organizaciones de masa como los CDR. De esta manera el estado socialista INTIMIDA Y SOMETE a los ciudadanos para que entiendan que para trabajar en Cuba hay que ser revolucionario y pertenecer a las organizaciones CREADAS POR EL GOBIERNO. Esta es la parafrenalia robolucionaria TOTALITARIA que reina en Cuba hace mas de medio siglo. La vigilancia colectiva incluye que el presidente del CDR puede informar sobre tu vida privada, quienes son tus amigos, quienes viven en tu casa, que piensas de la “revolucion” , si tienes familiares en el extranjero y si tienes creencias religiosas o practicas alguna religion. En pocas palabras el CDR es el “cuentame tu vida” que usa la dictadura para intervenir en la vida privada de los ciudadanos de manera FLAGRANTE Y ARBITRARIA. Otra violacion mas de LOS DERECHOS HUMANOS DE LOS CUBANOS DESDE HACE MAS DE MEDIO SIGLO.”
    Le reitero que es la opinión de un cubano, no me tire metralla a mí, en mi país no existen los CDR y las “agrupaciones de vecinos” se forman espontáneamente, no tienen en absoluto ninguna relación con el gobierno, y por lo general se ocupan de problemas vecinales solamente.
    Mis cordiales saludos

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  1. […] La lista acogía a los “cederistas ejemplares” –para quienes desconozcan el gentilicio, aquí podrá informarse-, a los trabajadores de probada puntualidad, a las amas de casa que mejor […]



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