“Desde mi casa nunca se había transmitido noticia tan dramática”

Cuando al anochecer del pasado jueves José Martín se dispuso a asegurar su caballo en la plazoleta del batey de Vanguardia,  al sur de la ciudad de Sancti Spíritus, habían transcurrido exactamente 57 minutos desde que los 61 pasajeros y siete tripulantes del vuelo de Aerocaribbean S.A. se ajustaran sus cinturones  en la pista del Aeropuerto Internacional Antonio Maceo, en Santiago de Cuba.

“Yo sentí un ruido gordo, duro –relata el lugareño- y cuando miré al cielo a principios no vi nada porque había unas nubes, pero luego sí, el avión estaba plano, parecía que iba a caer  aquí mismo, entonces empezó a dar tumbos, a bajar rápidamente y se fue pegando al suelo hasta que explotó como una bomba. Salí y me encaramé en un tanque y vi que todo se encendió, sabía que allí no podía  haber sobrevivientes”.

Las versiones se cruzan, se contradicen, convergen y se van tejiendo como los mismos marabuzales que debieron atravesar sus autores, machete en mano y en medio de una oscuridad infernal, para mirar con sus propios ojos lo que José Martín supo desde el mismo momento en que  sintió aquel estampido.

El accidente ocurrió en la región de Guasimal, en la provincia de Sancti Spíritus

LA ODISEA DE LLEGAR

En un recodo de la vereda el guía se agacha de súbito y dibuja sus dudas sobre el fango del camino. El dedo índice se clava en la tierra húmeda y conforma en poco rato el mapa de la zona ante los socorristas desorientados que buscan desesperadamente llegar  lo más rápido posible hasta donde las llamas. El hombre no necesita nada más que su improvisado plano para validar una verdad que anuncia sin miramientos:

– Vámonos volando para Vanguardia –dice- que por aquí no llegaremos nunca a donde está el avión.

El ATR-72-212 de la compañía Aerocaribbean que cubría la ruta entre Santiago de Cuba y La Habana había caído de panza en el fondo de los marabuzales impenetrables que cubren esa parte del territorio espirituano.

Hasta ese sitio, afortunadamente deshabitado, pero de muy difícil acceso, intentaban llegar de inmediato decenas, quizás cientos de pobladores de lugares cercanos, rescatistas venidos desde Sancti Spíritus, fuerzas del ejército, y las principales autoridades de la provincia.

TODO SE PONÍA BLANCO

“La gente quería ayudar –relata Miguel Acebo Cortiñas, miembro del Comité Central y Primer Secretario del Partido en Sancti Spíritus-, a nosotros nos guió una mujer de Vanguardia, ella dijo: ‘Yo puedo’, se montó en el yipe y luego se buscó un práctico, un conocedor que a caballo nos llevó por trillos, por debajo de la vegetación, hasta el mismo lugar del desastre, donde ya habían llegado decenas de vecinos.

“El pueblo quería salvar, quería contribuir en medio de la desgracia, recuerdo que al poco rato de encontrarme en el sitio se apareció la gente de Paredes, llegaron a pie, uno de ellos se me presentó, me dio como una especie de parte militar y me dijo: ‘Secretario, aquí estamos, díganos qué tenemos que hacer ahora’, hubo muestras de valor incalculables”, reconoce Acebo.

“Fuimos a tratar de salvar a alguien, pero aquello estaba explotando, era una bola de candela que se veía a varios kilómetros y no se podía hacer nada”, relata Jorge Luis Rosendo.

“Nunca había visto una candelá tan grande – recuerda Lisvany Pérez, otro de los vecinos que llegó hasta el avión siniestrado rompiendo el marabú con el pecho del caballo y también con el suyo-, las llamas eran de un amarillo fuerte y después todo se ponía blanco como si fuera de día”.

Hensy David Portal no se avergüenza de reconocer sus miedos: “Yo salí asustado –dice- porque sentí un sonido muy fuerte, entonces miro y veo el avión pasando por arriba de la casa, un poco más alante empezó a dar vueltas, soltó algo como una aleta y después vi cuando cayó. Fuimos para allá a caballo, pero cuando llegamos todo estaba envuelto en llamas con un olor insoportable, al ratico ya estaban allí también las autoridades, los bomberos, pero no se pudo sacar a nadie vivo”.

En el lugar de la tragedia Leonel Albiza, vicedirector de Asistencia Médica del Policlínico Sur, de Sancti Spíritus, reconoce que la frustración más grande de su carrera como médico fue regresar sin al menos haber podido salvar una vida.

SE ESTÁ CAYENDO UN AVIÓN

Eneida Sánchez Borroto, que atiende el teléfono público en Vanguardia está convencida que desde su casa jamás se ha trasmitido una noticia más dramática que la del pasado jueves: “Marqué el 105 y dije como loca: ‘Se está cayendo un avión’, pero en ese momento sentí que explotó aquello y les grité: ‘oigan, no es que se está cayendo, es que ya se cayó’, ellos entonces me viraron la llamada y fue que pude explicar un poco mejor.

No fue el único aviso, también lo hizo la maestra del batey, un joven que traía un celular en ese momento y varias personas más que desde sus comunidades avistaron la nave al momento de caer.

Luego vendría el corre corre de bomberos, de socorristas, de ambulancias, de carros, de gente a caballo, a pie, algunos hasta descalzos, tratando de abrirse paso en una selva espinosa que dejó marcas a casi todos. Merelda Borroto, una de las mujeres que llegó hasta el fuego, muestra las suyas como testigos de una noche muy difícil de olvidar.

La empresa más encomiable quizás corrió a cargo de Mariano Carrera, el buldozero de la brigada 30 del Grupo Empresarial de la Construcción en Sancti Spíritus, que en cuestión de horas abrió el camino de casi dos kilómetros, un sendero imprescindible para que los medios de transporte pudieran llegar  a media noche hasta el punto exacto del siniestro.

Por allí saldrían también, al día siguiente, los restos de las 68 personas que viajaban en el ATR-72-212 de Aerocaribbean S.A.  la tarde noche en que Vanguardia, Mayábuna  y todo el sur de Sancti Spíritus se trastocaron en un infierno sin par.

Juan Antonio Borrego

Fotos: Vicente Brito Santos

Tomado de Escambray

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Comments
One Response to ““Desde mi casa nunca se había transmitido noticia tan dramática””
  1. Liset dice:

    Aún hoy pienso en los últimos minutos dificiles vividos por quienes iban a bordo y me entristezco. Conocia al copiloto y su familia. No he llamado a su casa porque se me saldrían las lágrimas. Y tampoco tengo palabras de consuelo para decirles. Supongo cómo estarán ellos y el resto de los seres allegados y queridos de quienes perecieron en esa muerte trágica y dolorosa, a plazos. Pienso en los hijos que dejaron, en sus parejas, y las madres y los padres… No hay con qué comparar ese dolor. Mis reverencias!!!

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