Tengo un amor en La Habana

Los hombres que más he amado siempre se han nombrado Pedro o Luis. Con los Pedros descubrí el primer amor, el primer beso, el primer orgasmo. Con los Luises he sido esposa, madre y mujer divorciada. Esos nombres me persiguen, y hasta he pensado que son la misma persona. Con ellos he sido feliz e infeliz. Con los Pedros he tenido amor, pasión infinita. Con los Luises estabilidad, seguridad. Con ambos he ido al infierno y al paraíso. Por ellos he reido, llorado y hasta maldecido. Con ambos me he sentido segura e insegura. Con Pedros y Luises he sentido desde la ternura hasta la traición. Con estos hombres perdí mi inocencia, me hice mujer y entendí que el amor es algo más que un sentimiento esplendoroso.

Mi primer novio lo tuve en segundo grado. Tenía siete años. Y se llamó Pedro. “¿Quieres ser mi novia?”, me preguntó a la hora del receso, y yo le respondí que sí, sin saber bien lo que significaba ser novia de alguien. No recuerdo nada más de ese día. Así, que si mi Pedro I me dio un beso, no lo recuerdo. Sí no olvido que fue mi mejor amigo durante toda la primaria, la secundaria y el preuniversitario. Siempre estábamos juntos. Hasta su hermana más pequeña lleva mi nombre.

Mi Pedro I se hizo un gran cirujano plástico, y hace más de cinco años que no lo veo. La última vez chocamos en un camello habanero. Lo encontré apretado entre la gente, y le grite: Pedriiiiii!!!!!! Y volvimos a ser aquellos adolescentes, aquellos niños. Me contó que se iba a África a cumplir misión. La alegría se le desbordaba. Trabajaba en uno de los mejores hospitales de Cuba, en el Amejeiras. Se iba a África a luchar duro. Me dejó su abrazo. Pedri no volvió a esta isla. Se quedó en uno de los aeropuertos de este ancho y ajeno mundo. Desertó, se fue, emigró. Nunca más he sabido de él, pero no dejo de preguntar por su paradero a toda persona que lo conoce. Ojalá encuentre otra vez a mi Pedro I. A mi amigo de la infancia, adolescencia y primera juventud. Creo que lo besaría infinitamente.

A Pedro II lo conocí en noveno grado. Tenía 14 años. La edad en que las hormonas comienzan hacer lo suyo. Con este sí me besé. Y no precisamente en la cara. Pero el noviazgo duró muy poco por yo no querer ir más allá. Lo que sentí por él sí me duró varios años. De verlo me temblaban las piernas y hasta me dolía el estómago. Yo lo amaba, pero el necesitaba algo más concreto, y yo aún no estaba lista para ese paso. Por Pedro II dejé de comer todo un verano. El es el único que me ha quitado el apetito por tanto tiempo. También hace años que no lo veo. Igual emigró. Lo quise hasta que conocí  a Pedro III. Bueno, realmente he soñado alguna que otra vez con Pedro II, y hasta he pensado cómo hubiera sido nuestra relación si hubiera tenido sexo con él. Me gustaría verlo otra vez. Creo que también lo besaría infinitamente.

Con Pedro III sí me lancé a las aguas profundas. Con él tuve mi primera relación sexual. Tengo que confesar que Pedro III me amó mucho más de lo que yo lo quise. Para mí era el novio con el que asumía otra etapa de mi vida. Pero él quería más. Pensaba en matrimonio, en hacerse viejo conmigo y en tener un montón de hijos. Pero yo estaba en la universidad y solo deseaba hacerme periodista, en conocer el mundo, en escribir el mejor reportaje de la historia, en irme a África como Hemingway, ser corresponsal de guerra, subir montañas, conocer Cuba, darle la vuelta al mundo. Me imaginaba como una Gabriel García Márquez o Ryszard Kapuscinski en faldas. Igual me ví como la sagaz Oriana Fallaci. Yo también quería escribir mis Cien años de Soledad, El emperador, y mis Entrevistas con la Historia…Uff, cuánto de imaginación y de ilusiones acumuladas.

Aquellos ímpetus iniciales pudieron más que la pasión y lo bueno que era hacer el amor como mi Pedro III. Y rompí definitivamente con la dinastía de los Pedros, y me busqué otro novio,  con una nueva letra del alfabeto. Este me doblaba la edad, pero con él podía estar más cerca de mis sueños de periodista. Pedro III no emigró, se quedó allá en mi Sancti Spíritus natal, con el corazón partido, y varias fotos mías. Se hizo militar, se casó y tuvo tres hijos. Imagino que es feliz. Lo he visto alguna que otra vez, pero no he sentido deseos de volverlo a besar infinitamente.

Poco tiempo después llegaría la era de los Luises. Una etapa que nada tenía que ver con lo que había pensado. El novio por el que dejé a mi Pedro III, además de doblarme en años, era casado. Uff, esos amores que se te cuelan en la sangre, difíciles, dependientes hasta que un día le dije adiós en un parque habanero, luego del paso de un ciclón por la capital. Igual estaba yo por dentro, y necesitaba calma después de tanta tormenta. Pero me quedé con un vacío inmenso. Otra vez sufría una decepción amorosa, y mucho mayor que la primera.

Esta vez fue como la segunda réplica de los terremotos. Violenta, devastadora. No sabía cómo quitarme del pecho aquel dolor, borrar de mi pensamiento su nombre. Tenía 20 años. Y en ese momento de angustia  llegó mi primer Luis. A la semana me casé con él. Así, sin pensarlo dos veces. “¿Te quieres casar conmigo hoy?”, me preguntó. Y yo le respondí que sí, sin saber bien qué era eso de casarme.

Yo solo quería  respirar otra vez. Me casé sin decírselo a nadie de mis amigos ni de mi familia. En la noche se lo presenté por primera vez a mis padres. Al otro día me arrepentí, pero como soy más terca que una mula, preferí seguir adelante antes de reconocer que me había equivocado, que no tenía que tomármelo a la tremenda, que el dolor pasaría y llegaría la calma. A los 20 años nada se termina. Todo está comenzando.

Estuve casada con mi Luis I durante siete años. A los 24 tuve a mi hijo y a los 27 me divorcié. Era el año 92. Y el mundo cayéndose, y yo decidida hacer una nueva vida. Luego, no vendría nada en serio. Ninguna letra del alfabeto que recuerde. Me dediqué a mi carrera, a cumplir mis sueños de periodista, y a cuidar de mi hijo. Diez años después, llegó mi Luis II. Pinareño y piloto de combate. Por él  vine a vivir a La Habana. Apliqué la estrategia del caracol, con mi casa a cuestas. Pensé que estaría con Luis II hasta el fin de mis días, o los de él. Pero… un buen día este Luis me declaró oficialmente bruja y cuarentona y se marchó con un nuevo amor.  Más joven que yo. Claro,  quedé otra vez devastada.

Definitivamente repetir las mismas letras del alfabeto no ha sido buena idea. Hace más de dos años que no lo veo. No creo que tenga deseos de volverlo a ver, ni de besarlo infinitamente. Hace dos años que me quedé en esta ciudad con el recuerdo de todos esos amores, entre Pedros y Luises. Tengo el amor de todos ellos aquí en La Habana. También el de otros más efímeros, pero no menos intensos.  He estado pensando en otras letras del alfabeto, pero los Pedros y los Luises aún me persiguen. Con nuevos rostros, edades,  e historias. Mi vida parece que seguirá ligada a ellos, quizás como una maldición, o como una bendición. ¿Quien sabe?… O Pedro o Luis… Aún puede que llegue otro de estos.

Katia Monteagudo

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Comments
21 Responses to “Tengo un amor en La Habana”
  1. Nancy Puente dice:

    Amiga, me gusto mucho tu relato. Cuando crezca quisiera escribir como tu, porque a los grandes “colegas” solo los he leído, contigo compartir unos 30 días maravillosos
    Abrazos

  2. leyla leyva dice:

    Mira tú cómo te encuentro la pista. ( Toda una revelación.) Esa historia es muy auténtica: yo me quedé en el que te llevaba 20 años, jajá. Ni se te ocurra un Pedro Luis! Un beso, Leyla

  3. el chino dice:

    lo cierto es que hay que dejarlo respirar y veremos si en algun recodo de una montaña se esconde o se represa y se queda para mejorar el paisaje
    un beso,

    yo

  4. el chino dice:

    El amor es como un gran manantial, siempre renovado, fresco, limpio, lleno de vida pero eso sí, en una sola dirección y no se le puede dejar ir porque si llega al mar se sala la cosa. Lo cierto es que

  5. Comunista hasta la Muerte dice:

    katia:

    Si el pasado sirve como referencia tu verdadera felicidad la encontraras con Pedro Luis.

    • Katia dice:

      Hola Cominista, vez? siempre sè que llegas jajajajajaj Bueno, mi verdadera felicidad es haber vivido todos esos amores. Estar aqui y poder pensar aùn en el amor y no perder la fe. En cuanto si es Pedro o Luis o Pedro Luis no sè, alo mejor es Mario, o Juan o Antonio o simplemente Nadie jajajajajaja Un abrazo comunista, no te llamaràs Pedro Luis? jajajajajaj katia

  6. Tania dice:

    Las huellas dejadas por nuestros Pedros y Luises… nos han ayudado a forjarnos como las maravillosas mujeres que somos…

  7. katia dice:

    Mi queridismo Mau!!!!!. Si los extrañaba, la verdad. He estado muy ocupada en mi trabajo, pero bueno los he dejado en buenas manos, porque estos muchachos que comparten este espacio conmigo han puesto la varilla muy alta. Me conoces Mau, y sabes cómo soy de sincera, y cada escrito que aparece en este blog son así. Bueno, un poco de picante a la comida no le hace mal. Y lo de las palabras, me salió así. Disiente de mí. jajajajja. Bueno, ¿cambiar de letras? ¿Cuál me sugieres? Un abrazo Mau. Me falta el Comunista, que seguro viene detras de ti.

    • mau dice:

      Al comunista hace tiempo que no lo veo (virtualmente, claro), debe andar vacacionando por algùn lugar del mundo.
      En cuanto a las letras.. a mi me gusta la simetrìa.. .las letras simètricas son mis preferidas, te sugiero cualquiera de ellas.
      Los posts de los chicos han estado muy buenos, con decirte que volvì a ver Casablanca para llorar un poco como tu Luis…
      Un abrazo desde el sur

      • destinocuba dice:

        MMMM… El alfabeto tiene muchas letras. Es bueno poder escoger. Pensaré, pero igual prefiero dejar al azar las cuestiones del amor y sus demonios. Sé que eres sensible, pero no pensaba que eras de esos que lloran en un cine. Gracias Mau. Otro abrazo

      • mau dice:

        Katia, no la vi en un cine, tu sabes que en el mundo capitalista, puedes alquilar una película y verla en la comodidad de tu hogar, en unos sitios llamados videoclubs, uno de los más conocidos es blockbuster (algo así como Mc. Donalds o la Coca Cola). Ya sabes, esto de vivir esclavos del imperialismo y el capitalismo… mas abrazos

      • destinocuba dice:

        Mau, a mí no me da pena llorar en un cine. Igual puedo reirme. El capitalismo tiene muchos servicios, y eficientes. No lo dudo. Pero aqui en La Habana ir al cine es algo especial. La relación del público y lo que se muestra es algo único. Es difícil de explicar lo que se siente, porque es algo que no se puede comprar en ningún VideoClub. Abrazos. Katia

  8. Pharmg368 dice:

    Hello! febadbk interesting febadbk site!

  9. Liset dice:

    Con tantas letras que tiene el alfabeto, no sé por qué te quedaste varada en Pedros y Luises. Ni como segundo nombre la reincidencia es buena, así que pídele al próximo que tenga a mano el carné para que lo revises. Si se repite, mándalo lejos.
    John no es Luis ni Pedro. Pero es bueno que sea otro de tus amores en La Habana, aunque compartido, como diría Pablo.
    Disfrútalo mientras él te lo permita y aparece otro más tibiecito.
    Que de amores, nunca dejemos de hablar y de escribir!!!
    Salud para ellos, que como dice una amiga querida, no se puede perder el olor a hombre.
    Un abrazo para ti.

    • katia dice:

      Porque en el corazòn nadie manda. Y el amor es ciego y loco. Y es asì, inesperado, impensado. Algo que por suerte no se puede programar. Tampoco es una carrera acumulativa. Ellos van y vienen. Yo lo prefiero asì. Que me sorprendan. Eso de estar siempre en la bùsqueda, como en una cazerìa, o acumulando amores, tambièn puede matar la espontaneidad con que surge. Yo prefiero ser paciente, y nada veremos. Llevo mi olor y en el recuerso el olor de esos que he amado. Eso no se pierde nunca. Un abrazo para ti. katia

      • mau dice:

        Katia, bienvenida a este, tu blog… llevabas tiempo sin escribir por aquì, y tus lectores te extrañàbamos.
        No me imaginè un escrito como este… donde, nos muestras tus amores.. tus sentimientos… te desnudas un poquito para nosotros. A mì me gusto mucho… pero especialmente me gusta tu valentìa.
        Estoy con Liset, cambia ya de letras chica !
        Saludos.

        P.D. hay una sola palabrita que no me gusto : “Deserto”, me quedo con el “se fue, emigro”. Estaba enrolado en algùn ejèrcito al cual desertò?

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