Gustavo Arcos: “Todavía no veo una marca del llamado cine joven cubano”

La creación audiovisual es una de las manifestaciones artísticas que más debe agradecerle a las tecnologías digitales.   El profesor y crítico cinematográfico Gustavo Arcos, lo advierte: los jóvenes  filman hasta con celulares,  y luego pueden distribuir sus obras por Youtube o memorias flash. Con un mínimo de recursos, realizar una película ya no parece el sueño lejano, sólo posible dentro de la industria cinematográfica.

Esto ha posibilitado la eclosión de una producción sin precedentes en cuanto a la cantidad. Sin embargo, Arcos no percibe una revolución estética entre las propuestas de los jóvenes cineastas cubanos, pero sí una forma desmitificadora de acercarse a la realidad, historia y mitos del país. Muchos ven en el joven audiovisual, el lugar donde se están haciendo las preguntas más fuertes sobre lo que fuimos, somos y pretendemos ser.

Gustavo Arcos

-En cuanto a estéticas y discursos, de qué van los nuevos realizadores cubanos.

Si algo los caracteriza es la necesidad de desmitificar. Por décadas, el cine de la industria ha tratado géneros como la comedia, la épica, el cine histórico, obras de compromiso social, con la intención de reflejar el fenómeno de la Revolución y sus cambios.

Sin embargo, en esta generación uno ve, en el tratamiento de los personajes y de las historias, una especie de desmitificación a lo que debió ser en algún momento el sueño de la Revolución. Cuando trabajan un héroe, tratan de situarlo con los pies sobre la tierra, y no de idealizar a la figura. Al abordar un problema de la cotidianeidad, tratan de hacerlo verosímil, que tú lo sientas. Por eso producen tanto cine comprometido con la crítica social, en la cuerda del reportaje.

Desde el punto de vista estético no promueven tanto nuevas cosas. No hay muchas búsquedas en ese sentido. Su transgresión principal está en el tratamiento de los sujetos, los personajes y las historias. Por ejemplo, en el episodio realizado por Lester Hamlet en la película Tres veces dos, cambia por completo el tratamiento a los personajes históricos al construir un musical durante la lucha guerrillera contra Batista.

Los jóvenes están más abiertos a experimentar con otras tecnologías: filman con una cámara digital sencilla o un celular, y ellos mismos se editan. Hay más necesidad de crear, sin preguntarse, como en otra época: “¿tendré las herramientas para filmar?”, “¿me aceptarán el proyecto?” Hay más disposición, y las nuevas tecnologías permiten el acercamiento desde distintos soportes a cualquier historia.

Vale aclarar que la etiqueta de cine joven cubano se aplica a todo cineasta menor de 35 años. Pero quizás en un creador de 50 años puedas encontrarte una obra joven, en el sentido del espíritu, la forma, el juego, la experimentación; y sin embargo, en un muchacho de 20 años, una obra no muy experimental, con todos los cánones, respondiendo a lo que se espera del cine. Por tanto, el término es bastante relativo. ¿Dónde está el cine joven? A veces te lo encuentras en una persona con historia, y no en muchacho que está empezando.

-¿Entonces lo trasgresor más bien se ubica en el tratamiento de las historias y el uso de las nuevas tecnologías?

Sí, todavía no veo una marca del llamado cine joven cubano. Hay muchos trabajos documentales sobre lo social, lo cotidiano, y existen películas de ficción que intentan adentrarse en los géneros: el terror, el policiaco. Eso es bueno. La industria no se aventuró mucho por esos caminos, por el tratamiento del cine de géneros.

Pero si uno compara lo que están haciendo los jóvenes en Cuba, con lo realizado por los del resto del mundo, los nuestros están por debajo en los niveles de experimentación con la forma y con el propio lenguaje cinematográfico.   Aquí, los nuevos realizadores aún tienen que pensar mucho sobre el lenguaje, cómo cambiarlo, cómo interrogar al propio cine, cómo utilizar sus herramientas para hablar sobre la sociedad. Y en nuestras escuelas eso no se enseña.

Tal vez por eso, los muchachos al graduarse salen más apegados al cine tradicional, a la causa-efecto, la narración lineal… Tratan de ser verosímiles, captar la realidad tal cual es, de interrogarla, pero no de utilizar el propio lenguaje cinematográfico para interpelar esa realidad.

Incluso, en el documental -donde en Cuba, en los años 60, se experimentó tanto con la forma- nuestros jóvenes se van mucho al reportaje, a las entrevistas, al sujeto llamativo que me cuenta algo interesante. Ellos están sustituyendo la ausencia de esos trabajos en la televisión, que deberían aparecer en los noticieros. Pero como no lo hace el discurso oficial, pues los jóvenes se han apropiado de ese terreno.

-¿Cuáles son las deficiencias más apreciables en la obra de los jóvenes realizadores cubanos?

En el género documental, hay obras donde todavía se hace hincapié en la clásica entrevista y más bien constituyen reportajes del noticiero de televisión. En ficción, las mayores dificultades están en el guión. Muchas veces, los diálogos son artificiales y no existe una buena dramaturgia. Por la parte del animado es menos plano y didáctico, más conceptualizador, y generalmente está dirigido hacia un público adulto. Hay una mayor trasgresión en la forma.

El guión se ha despreciado mucho. La facultad de cine no tiene esa especialidad. Por tanto, si el guión es la base de todo proyecto, ¿cómo es posible que no se formen los muchachos dentro de esa especialidad? Ello trae como consecuencia que al hacerse las obras audiovisuales, la mayor parte de ellas se resienten por el tratamiento de los personajes, de la historia.

A veces tienen buenas situaciones, pero cuando comienzan a desarrollarlas se quedan en la nada, porque no saben cómo darles diálogo a esos personajes. En la industria del cine de otras partes del mundo existen personas encargadas de escribir guiones, construir diálogos, crear sinopsis. Aquí no existe ese nivel de especialización.

Otro problema está en que a veces tienen acceso a la tecnología, con posibilidades de una buena cámara, su propio set de edición, pero el empaque visual a veces es deficiente, y la calidad es indispensable para colocar una obra en ciertos circuitos de distribución. Porque una cosa es pasarla memoria en memoria, verla en una computadora, donde parece que funciona en lo visual, pero al proyectarla en una pantalla de cine, la película se resiente.

Tampoco hay conciencia con respecto a los derechos de autor. Los jóvenes filman lo que sienten, como si fuera algo visceral, y toman música, imágenes de archivo, elementos gráficos,  de aquí, de allá, sin pedir permiso. Después quieren mostrarla internacionalmente, en otros circuitos más exigentes, y allí aparecen los problemas con los derechos musicales de autor, por ejemplo.

Los nuevos realizadores deben tener conciencia del cine como un sistema, donde existen cuestiones legales, se exige calidad de imagen. No basta con producir, también debe haber conciencia de lo que se hace: ¿qué estás contando?, ¿por qué?, ¿qué quieres decir? Hay mucho interés por contar historias, y es buena esa necesidad, y que las tecnologías ahora te permitan hacerlo sin ir a la industria.

En el país ha ocurrido un cambio. Hasta el año 90 el ICAIC concentraba toda la producción cinematográfica de la nación. Aunque existían otras instituciones, era el ICAIC el centro, y todo el mundo soñaba pasar por allí. Si querías hacer cine debías ir con la industria. Pero ahora puedes ser director de cine sin pasar por todo el proceso de formación. Te gradúas en Fotografía, y obligatoriamente no tienes que pasar por ser foquero, luego asistente de cámara, después camarógrafo…

Ahora es la pragmática, el pensamiento de “quiero filmar ahora”, “me siento Orson Welles”. Y te encuentras muchos muchachos que te dicen: “yo no necesito escuela, ni tampoco ver cine; tengo mi cámara y voy a contar mi historia ahora”.

La generación más adulta dicen que los grandes directores consumieron mucho Bergman, Antonioni, Tarkovski, Chaplin, y por eso hicieron sus grandes obras en los 60 y 70. Pero ahora los jóvenes hacen ficción, documental, video clip, publicidad, y puede que nunca hayan visto una película de estos autores, incluso, hasta desconocer la historia del cine. Entonces, ¿qué tipo de películas vamos a esperar de esta nueva generación? Habría que esperar, quizás, un cine más adrenalínico, con otros problemas, que se vaya más por los conflictos externos.

La necesidad económica los mueve mucho. Cuando se trabaja con la industria, uno tiene un salario seguro, existe alguien encargado de vender tus películas. Pero ahora, muchos no pertenecen a nada. Forman su propio grupo, hoy con unos amigos, mañana con otros. Todo es más volátil. Además, para tener cámaras, luces, computadoras, necesitas invertir dinero, y el Estado no va a hacerlo por ti. Por tanto, necesitas que tu producto se comercialice. Esto implica que cuestiones relacionadas con el cine de autor queden relegadas a un segundo plano, aunque ello no significa su desaparición. Hay una obsesión de obtener éxito rápido, ganar reconocimiento con la primera obra.

Antes, cineastas como Tomás Gutiérrez Alea, Santiago Álvarez, Nicolás Landrián, Sara Gómez, aunque les gustaba comunicarse con los públicos, tenían por delante el compromiso con la sociedad, con la industria, con su papel de creadores. Pero ahora, el punto de partida de muchos realizadores está conectado con otros intereses.

-¿Qué puntos de choque se establece entre la industria y los jóvenes realizadores?

En la libertad a la hora de escoger los temas. No es que dentro de la industria no exista libertad, porque Tomás Gutiérrez Alea, Humberto Solás, Santiago Álvarez la tuvieron. Pero la concepción de ese cine como un sistema estatal tiene determinadas prioridades en cuanto a géneros, temas, donde la historia pasa por un proceso de selección, de concertar, en muchos casos, con productores extranjeros. Y los jóvenes tienen completa libertad. Es la historia que a ellos les interesa contar. Captan las imágenes y las editan con un amigo. Y aún cuando se necesitan permisos para filmar, muchos se lanzan a cuenta del riesgo, salen a la calle sin licencias.

Creo que las instituciones en Cuba se están quedando atrás en cuanto a la dinámica del mundo contemporáneo, y más con respecto al pensamiento de las nuevas generaciones. Se sigue pensando que la institución es ese centro rector y que de manera vertical impone qué se filma, qué temas debemos tocar o interesar al país. Si continúa ese diálogo impositivo de: “ven a trabajar para mí, yo te brindo los recursos, pero tienes que hacer esto”, a los jóvenes nos les interesará trabajar con ellos. Y cualquier historia es beneficiosa, y se puede hablar de la nación desde relatos pequeños, locales.

En Cuba, últimamente cuesta mucho trabajo llevar los jóvenes a las instituciones. Cuando quieren hacerlo es en busca de facilidades: realizar un viaje, cobrar dinero por una obra. Constituye una cuestión de interés, diría hasta de oportunismo, pero no por conciencia. Ellos piensan: “¿realmente pertenecer a una institución me representa un valor como figura en la nación? Puedo crear sin necesidad de ellas”.

Hay muchos fenómenos, problemas cotidianos de los jóvenes, que las instituciones no saben lidiar. Se sigue pensando en el control. El mundo de hoy ya no es así. Tenemos que salir de esa mentalidad. Cualquiera puede crear, tener su lectura de la sociedad, ir a una montaña y filmar su historia hasta con un celular.

Hoy, todo pasa por el Estado, quizás mañana sea diferente. De hecho, ya existen señales que hablan de cómo se está privatizando la producción cinematográfica en Cuba. Actualmente hay una discusión en el Parlamento sobre la aprobación de la figura del productor audiovisual independiente, que hoy no existe en el país. Cuando eso se permita daremos un paso grande, porque esa es la base jurídica para que toda persona con intenciones de hacer una obra de forma autogestionada, pueda hacerla sin crear clandestinamente, underground. Para este 2011 la nación establecerá una serie de políticas donde el Estado no esté como ese abuelo que lo mira y controla todo.

-Aunque la producción audiovisual se ha democratizado, los circuitos de exhibición aún pertenecen al Estado. ¿Qué retos impone para un joven realizador esta particularidad?

En el mundo, las salas cinematográficas las controlan ya sean las compañías distribuidoras, los estudios de producción o el propio Estado. Aquí en Cuba todos los cines están en manos estatales. Sin embargo, los jóvenes tienen la posibilidad de mover sus películas por cuenta propia. No podrán estrenarla en Chaplin, pero con un disco pueden llevarla a un distribuidor internacional, a un canal extranjero y venderla, pueden subir el tráiler a Internet. No podrás incluirte en las salas principales del país, pero encuentras circuitos alternativos donde puedes mostrarla.

No obstante, el ICAIC organiza todos los años la Muestra de Nuevos Realizadores donde encuentran espacio muchas de estas  obras, son muy pocas las censuradas, además de proyectarlas ocasionalmente en sus salas de video.  Existen otros eventos en el país donde se exhiben. Pero debería darse mayor promoción, porque muchas veces estos espacios se desconocen, y quienes van, son los mismos públicos de siempre.

-¿Cómo evalúa la relación de los jóvenes realizadores con los públicos?

Ellos piensan en los públicos en la medida que les interese comunicarse; que su obra sea vista, comprable.

-¿Cuáles serían los grandes retos a los que hoy deben enfrentarse los jóvenes cineastas cubanos?

Reconocerse a sí mismos con la fuerza que tienen. Siento demasiada atomización. Muchos jóvenes creadores necesitan sentirse parte de una generación, que piensen cuál es su razón de ser en el momento que están viviendo, entenderse más entre ellos. Es lamentable ver cómo muchos tiran por su cuenta, e incluso hasta llegan a rivalidades formales, conceptuales, estéticas, ideológicas. Se pelean por cualquier tontería.

También, los jóvenes realizadores deben entender que el cine es un acto profesional, ético, estético. Al emplazar una cámara deben pensar en concebir una obra con un valor, una calidad. Estamos en Cuba, y no se trata de hacer una película como en Hollywood, pero tampoco atarse las manos, ni detenerse a pensar si la exhibirán o no. Hay que buscar los espacios y darle una dignidad a esa obra, un valor, porque como autor tienes una responsabilidad con tu contexto, con tu historia, contigo mismo.

Luis Alejandro Yero

VEA MÁS EN ARTE JOVEN CUBANO: ¿CÓMO (RE)EVOLUCIONAR A UN PAÍS?

Relacionado: Reportaje en dos partes  sobre el cine independiente cubano “Los guerrilleros del cine”

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Comments
One Response to “Gustavo Arcos: “Todavía no veo una marca del llamado cine joven cubano””
  1. Comunista hasta la Muerte dice:

    Luis Alejandro dijo:

    …………. pero tampoco atarse las manos, ni detenerse a pensar si la exhibirán o no. Hay que buscar los espacios y darle una dignidad a esa obra, un valor, porque como autor tienes una responsabilidad con tu contexto, con tu historia, contigo mismo.

    ———————————————————————-
    Luis Alejandro:

    Creo estas tomando un mal camino.

    Lo que Uds necesitan es regresar a los valores de la generacion anterior. Humildad, espiritu de sacrificio, reconocimiento de la familia que nos gobierna como seres superiores a quienes tenemos que venerar, respetar, obedecer, y hacer sacrificos personales para su disfrute. Esos valores han llevado a hoy puedas disfrutar de la revolucion en la manera en que lo haces.

    Algunos jovenes, ojala tu no estes entre ellos, estan comentiendo la herejia de declarar: “la revolucion soy yo”. Esa declaracion egoista los pone en primer lugar. En vez de poner en primer lugar el bienestar de nuestros dirigentes, como ha sido la costumbre.

    Por favor, no te contagies con el espiritu rebelde de tu mama…..

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