Liliana González: “No hay una sola música joven”

La profesora Liliana González ha dedicado innumerables investigaciones y artículos a los fenómenos articulados alrededor de la joven escena musical en Cuba. El regguetón, la timba, la trova, el rap, el hip-hop, el jazz, y todas las posibles hibridaciones entre ellos, son algunos de los géneros musicales que aparecen entre sus estudios.

Sobre la inquieta creación musical más contemporánea, principalmente, la impulsada por los jóvenes, Liliana aprecia un vastísimo  mapa  de sonoridades, lleno de mezclas, donde las fronteras entre los géneros y las influencias, tanto foráneas como nacionales, cada vez se desdibujan más.

-¿Cómo describiría a la música joven que hoy se produce en el país?

Existen dos tendencias importantes dentro de la contemporaneidad y de lo que llamamos música joven en Cuba, las cuales se mezclan como ejemplo de nuevos procesos transculturatorios. La primera, las tendencias tradicionales, provenientes fundamentalmente del son. Siempre se está haciendo un reclamo a la conservación de  géneros como el cha cha cha, el danzón, el bolero, los cuales vemos dentro del repertorio de muchos músicos contemporáneos. Por ejemplo, el último disco de David Torrens tiene varias congas y un danzón bolero.

Por tanto, los músicos también transitan por esos géneros. Sin embargo, existen otras sonoridades cuyo origen es foráneo y ha existido una apropiación de las mismas durante muchas décadas en el país.  En el caso del rock, ya llevamos cinco décadas de asimilación en Cuba. Si bien su origen es foráneo, las identidades gestadas aquí a su alrededor pertenecen a nosotros.

Liliana González

Entonces, estas son convivencias muy interesantes que existen en el arte joven musical contemporáneo, porque no solo se dan de manera concreta o sea, manteniendo una defensa de su estética, sino también la mezcla que se comienza a producir entre unos y otros. El creador y las audiencias convierten estas sonoridades en sus referencias  y comienzan a hibridar los estilos.

De ahí el renombre de la palabra fusión. Un término que siempre define épocas de vanguardia. Hay muchos momentos dentro de la historia musical donde el término fusión ha ocupado un espacio significativo para nombrar un tipo de música que ha tomado y mezclado distintos referentes. Esta es una tendencia muy marcada dentro del arte joven musical cubano.

La fusión como tendencia es muy importante en el producto en sí, en la mezcla que se está haciendo y a las nuevas audiencias que se han logrado convocar, las cuales ya no son específicas de un tipo de música, sino que empiezan a negociar sobre distintos tipos de músicas y referentes. Esto está dando un resultado distinto al original o sea, al lugar de donde se parte. Podríamos poner el ejemplo de varias agrupaciones como Interactivo, Habana Abierta y  X Alfonso que a principios del siglo XXI, marcaron una vanguardia en este tipo de fusión.

Las audiencias que convoca la música fusión están negociando con lo tradicional y lo foráneo dando pie al desarrollo de una identidad desterritorializada, transgresora  del espacio local de la Isla. Muchos músicos cubanos residentes fuera del país han sido retomados mediante un proceso de apertura a comienzos del siglo XXI, y regresan para cantar desde otra mirada.

Entonces, resulta interesante cómo dentro de un mismo espacio local empiezan a confluir discursos de cubanía que vienen desde el exterior y desde aquí adentro. Esto también ha sido muy saludable para la música cubana. Vemos referentes del rap como lenguaje, sobre todo, como manera de decir. Aunque, también se puede hablar de una cultura hip hop en determinada población o grupo identitario.

Los comienzos del siglo XXI, marcaron una diversidad de estilos dentro de la música cubana, fundamentalmente, en la popular. Por ejemplo, tendencias muy marcadas en el campo del hip-hop, sobre todo, en lo que significa el discurso rapero. Tendencias marcadas dentro de lo que fue el regguetón y el auge que venía tomando este género desde los años 90′ con todo el desarrollo de la timba y de la  hibridación entre ambos.

Hemos tenido bandas y una historia de la música rock underground, aficionada. Alrededor de 2008 se crea la Agencia Cubana de Rock, lo cual significa que ya comienza a verse a este género de otra manera, pues se incluye dentro del sector profesional. Esto trae consigo la creación de otros circuitos de circulación del género y dinámicas de producción.

La escena timbera mantuvo su continuidad en el siglo XXI, después de la popularidad alcanzada en los 90′. y mantuvo una proliferación de agrupaciones buscando siempre un estilo que las identificara. Vamos a encontrar diversidad genérica, estilística, lo cual es muy importante.

-Hasta ahora hablaba de música popular, ¿y la música de concierto?

Dentro de este tipo de música, los jóvenes vienen formados por la academia,  y esto significa   toda una serie de técnicas que vienen de la tradición escrita,  clásica-occidental,  con su repertorio,  cánones de interpretación y tipo de formación.

En Cuba, desde siempre, esta formación clásica ha tendido mucha inclinación a mezclarse con la música popular. Y estamos viendo tendencias, incluso más transgresoras que utilizan el jazz y lo bailable, pero que buscan una fusión experimental entre lo académico y todos estos referentes, dando una idea o imagen de concierto. Vemos como la academia es una herramienta más para esa joven música y para establecer nexos entre lo popular y lo clásico, pero desde una mirada más contemporánea donde está jugando un peso importante la tecnología, la cual  no es solo el instrumento que se utiliza, sino el discurso construido a partir de ella.

Los músicos jóvenes han logrado experimentar con todo esto y atraer a una audiencia que tal vez no tiene un nivel de competencia elevado con respecto a la música clásica, pero que empieza a asistir a esos conciertos muchas veces desde un criterio de farándula, de seguir qué  puede ser lo que está a la vanguardia.

-¿Cómo se insertan las nuevas tecnologías en las propuestas musicales del arte joven en Cuba?

Los adelantos o programas que ahora existen permiten llevar ideas de gran elaboración y complejidad a una máquina sin tener una formación musical. Esta tecnología permite realizar procesos de mezcla, los cuales antes dependían de la presencia de un ingeniero de sonido o una empresa de grabación. Ahora vemos los estudios caseros. Todo este desarrollo de las formas de grabación, distribución y producción, en general conlleva a un cambio en la mirada hacia la música.

Ahora existen otros medios para hacer circular las obras. El acceso a la música es mayor y más global, por tanto, la música no es tan localista. Se deslocaliza un poco ese sentido identitario hacia una región determinada.

No se puede obviar la música electrónica y lo que conocemos como música tecno y house. Todo lo que movió dentro de lo que fue el imaginario sonoro, como las discotecas en los años 90′. Y vemos ahora un poco las consecuencias de esa primera movida junto con el desarrollo tecnológico: en la actualidad estamos viviendo una eclosión respecto al desarrollo de la música house y tecno, con grandes  demandas entre los públicos, e incluso han llegado a desplazar otros tipos de música que alcanzaron gran popularidad.

Banda cubana "Qva Libre"

-¿De qué forma los jóvenes artistas cubanos están interpelando a la realidad?

No hay una sola música joven, sino muchas. Todas las formas de interpelación existen dentro de todas las tendencias de la música joven. Se puede hablar de música joven muy romántica que está interpelando sentimientos, las clásicas relaciones amorosas y allí también existe un mercado y es una música joven. Pues la identidad de estos seres radica alrededor de ese estilo, lo cual tiene que ver con su personalidad, formación y referentes familiares.

Existen tendencias mucho más underground que ni siquiera tienen que sonar para saber lo que significan. Por eso el concepto de escena es bastante útil, al salirse de los propios géneros. Por ejemplo, en el caso del rock, cuando vemos a un grupo de personas vestidas de negro, con una serie de atuendos y de tatuajes decimos: eso es contestatario.

Hay otros géneros que se movieron también en los 90′ sobre lo underground. Allí está Habana Abierta. Con una música salida de las peñas de esa década y mantenida por el esfuerzo personal de los propios cantautores que irrumpieron con canciones transgresoras, conciliadoras, contestatarias, revolucionarias, fusionadoras de muchos estilos, experimentales, vanguardistas.

Esta no era una música que se difundía de manera oficial o hegemónica,  no era la que predominaba, ni identificaba la cubanía según nuestros patrones estéticos. Entonces, esta música tuvo primero que fortalecerse dentro de un espacio underground y darse a conocer de esa manera, lo cual también es típico de la música de vanguardia.

-¿Cómo se ve este fenómeno en la actualidad?

La audiencia marca todo como eje importantísimo dentro del proceso de creación, distribución y consumo de la música. El consumo hace mercados y estrategias difusivas, incluso determina roles y tendencias de la crítica. Entonces, el alto consumo de esta música provocó que se le prestara una atención especial.

¿Qué arrastra este tipo de música y qué debemos hacer? Fueron las preguntas de muchísimas instituciones. De ahí se empezó a institucionalizar lo underground y se perdió lo underground del género. Se empiezan a descolocar discursos porque comienzan a resignificarse, pues el propio espacio le daba mucho significado a la música. El no tener discos grabados, el pasar la música de mano en mano, el hacerse de ésta en un espacio dado por no tener acceso a otros, el no ser pagado determinado trabajo, el no ser difundido por los medios, le daba un carácter y significado a sus canciones.

Entonces, cuando se empieza a grabar discos con disqueras oficiales, cuando esa música comienza a ocupar los espacios de la televisión y la radio, la dinámica empieza a cambiar y la música empieza a ser hegemónica, a competir en otro nivel que no es el underground. Así cambia su significado para la gente y también la relevancia que tiene dentro de determinado contexto.

-¿Son suficientes los espacios de legitimación para la música joven en Cuba?

Espacios puede que existan muchos, lo que tal vez no exista sea la apertura de muchas mentalidades. Casi siempre la propuesta musical tiene que ajustarse a las normas para las cuales fue concebido un espacio, y en la mayoría de las veces, es para obtener una ganancia desde el punto de vista comercial, lo cual conlleva a que muchos géneros queden excluidos de poderse potenciar en dichos lugares.

Hay géneros que están totalmente negados, principalmente, por la mentalidad de las personas que dirigen esos locales. Este es un asunto que gravita mucho sobre la creación actual.

El nivel de autogestión debe venir por parte de los músicos para que su proyecto se realice tal y como está pensado. En este sentido, vemos todas las productoras independientes, no solo a nivel de cine sino, también de música. Estas productoras están moviendo mucha música joven, tanto desde el punto de vista de producción, como de difusión. Aquí vemos un encuentro entre diferentes creadores y propuestas que se están articulando y que están dando una sensación de oxigenación dentro del panorama musical.

A veces los propios espacios se convierten en repetitivos e imponen esquemas al creador y esto provoca que muchos artistas que comenzaron con una propuesta interesante, empiecen a ser repetitivos y anulen un poco su creación. La televisión como espacio no ha logrado abarcar las dinámicas de los escenarios musicales de socialización, lo cual ha limitado los criterios musicales que circulan en la calle.

-¿Los medios de comunicación están haciendo un trabajo potencializador de la joven música cubana?

No lo creo. Los medios están limitados de herramientas y de personal. Tienen muchas trabas que lo impiden y el ritmo de trabajo también influye. No se puede hacer eco del arte joven en un estudio donde no se pueda hacer una presentación en vivo o no se puedan mover las cámaras hacia el espacio de participación de ese género. La música no se puede ver desde un solo foco, pues esta interactúa con muchos elementos.

Los asesores musicales son plazas que se improvisan mucho dentro de los programas musicales. Estas personas se dedican generalmente a hacer llamadas telefónicas y a buscar cuál es el profesional que pueda hablarle sobre un tema específico. Sin embargo, estas personas no están en la calle, detrás del género, viendo como se desarrolla. Me refiero tanto a los programas con tendencias hacia la crítica o el diálogo, como a aquellos que son de difusión propiamente musical, de presentaciones.

En las entrevistas, a través de las preguntas y el mismo diálogo, vemos que están completamente desfasadas con el tipo de discursos que promueven los jóvenes. En el caso de la prensa escrita, las disqueras realizan un enorme esfuerzo por promover sus discografías a través de ruedas de prensa y luego no logran encontrar un periodismo musical responsable.

-¿Qué disyuntivas aparecen hoy frente a los jóvenes músicos cubanos?

La música joven tiene el reto importantísimo de entender el cambio de estrategia. Ahora estamos pasando de una política subvencionada hacia una empresarial. Esto implica una conciencia de mercado, de estrategias creativas, de formas de posicionamiento, de diálogo con la sociedad diferente a lo que estábamos acostumbrados. Todos los músicos profesionales están insertados en el sistema empresarial, todos están pasando por el momento de entender cuál será su propuesta para la sociedad y de qué manera se va a canalizar, potencializar y viabilizar esa propuesta.

Esto implica una gran competencia en las propuestas que se hagan, pues ya no va a ser el tocar por tocar, la presentación por la presentación, sino la rentabilidad de esa presentación a partir de la propuesta musical. Entonces, el reto va a ser qué es lo que se va a legitimar o potenciar, qué propuestas serán importantes con esa política empresarial. ¿Qué va a pasar? ¿Se van a potenciar las sonoridades de moda o  las identidades de aquellos géneros que son más populares? ¿Se harán concesiones radicales con relación a esos referentes extranjeros para atraer a un público, una rentabilidad, o se potenciará un proyecto de música como reflejo de identidad? Estos son los retos que a partir de 2011 van a marcar la vida musical cubana.

Mirtha E. Guerra Moré y Luis Alejandro Yero

Foto: Alejandro Menéndez Vega

VEA MÁS EN ARTE JOVEN CUBANO: ¿CÓMO (RE)EVOLUCIONAR A UN PAÍS?

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One Response to “Liliana González: “No hay una sola música joven””
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