Rafael Grillo: Jóvenes escritores cubanos, “entre la resignación y el deseo de vulnerar”

El escritor y crítico literario Rafael Grillo cree que cada generación se parece a su tiempo, y la joven literatura cubana, no escapa a este axioma. Si en los 90’, el pesimismo y el desencanto atravesaba a muchos  creadores de la época, quienes hoy escriben se mueven en un difícil binomio: entre la ruptura y el acomodo, desde la burla, el cinismo, el juego.

-Es costumbre analizar y diferenciar por décadas la literatura cubana de los últimos cincuenta años. Anclados en el 2010, ¿pudiéramos hablar de una generación de narradores, “distintos” en el transcurso inicial de este nuevo siglo?

Rafael Grillo

El tema de la discriminación desde un ángulo estrictamente generacional, o sea, por décadas, a mí me parece muy difícil de hacer no solo en Cuba, sino en cualquier parte. Las generaciones literarias deben estar regidas, más que nada, por criterios estéticos. En el caso particular de Cuba yo sí ceo que resulta pertinente hablar de una nueva generación de escritores a partir de la última década, pero no por el hecho estrictamente cronológico, sino por el cambio de determinadas condiciones del campo cultural, que facilitaron o posibilitaron que esto sucediera.

Es un tema controversial, en que no todos los que intentamos pensar la actual literatura cubana estamos de acuerdo… en si realmente hay una diferencia que distingue a una generación de otras, pero yo sí lo veo de esa manera. A partir del año 2000, o más bien  a finales de la década pasada, surgieron posibilidades de publicación que no existían, se reactivaron las revistas culturales, aparecieron editoriales provinciales, eclosionaron los premios literarios,  se fundó el Centro Onelio Jorge Cardoso, y todo esto facilitó que emergieran muchas voces jóvenes que de pronto encontraron un espacio para publicar,  darse a conocer, y que además tienen la particularidad -y ya aquí el tema cronológico marca algo- de haber nacido a partir del año 1970.

Para mí el año 1970 es una especie de parteaguas en la historia de la literatura cubana. Jóvenes nacidos, criados, formados en circunstancias históricas distintas de las generaciones anteriores, lo que trae intereses, influencias y experiencias diferentes que desembocarán en una literatura con enfoques y perspectivas muy particulares.

-¿Qué características definen esta nueva estética?

Hay que hablar un poco comparativamente para entender este fenómeno. Comparar lo que algunos llaman Generación 0 con la generación de los noventa. Jorge Fornet habla en Los nuevos paradigmas, de una literatura del desencanto para marcar sobre todo un grupo de narradores que vienen de la década del ochenta y del noventa. Un desencanto que viene de una frustración, de una decepción, de un mundo que cambió, de ciertos valores, de ciertas circunstancias que dejaron de ser, que dejaron de existir.

Sin embargo, en la generación siguiente tú no puedes hablar de un desencanto, porque tú no te puedes desencantar de algo que no conociste. Por tanto esa generación que viene detrás, su punto de vista y su enfoque de la realidad parten de un cinismo en que están mezclados dos actitudes: la necesidad de adaptarte a un entorno creado y la rebeldía propia; el contraste entre la inquietud de una generación joven, emergente, y la necesidad de adaptarte a un contexto; entre la resignación  y el deseo de vulnerar.

La generación del noventa puso bajo una lupa la sociedad en que vivía y rescató escritores vitales de la tradición literaria: Lezama, Gastón Baquero, Virgilio Piñera; creó un paradigma alterno. Un canon tan aceptado hoy que la generación siguiente se dice: fuera Lezama, fuera Piñera, fuera Dulce María, fuera los que fueron el canon alterno hace quince años atrás. A los narradores de la última década les interesa mucho menos revisitar la historia del panteón de la tradición literaria, y cuando miran hacia atrás van a buscar entonces lo alterno de lo alterno, lo que la generación precedente no rescató: Carlos Montenegro, Lino Novás Calvo, Enrique Labrador Ruiz, Calvert Casey.

Ya no interesa tanto el neobarroco como lenguaje. Una generación que le dice adiós a los balseros, a las jineteras, a la religión afrocubana. Se alejan de técnicas narrativas propias del boom y del postboom latinoamericano, y por otra parte, incorpora elementos del pop, la música, las artes visuales, y la literatura norteamericana posterior a la década del setenta: Thomas Pynchon, David Foster Wallace, Paul Auster. Borges se mantiene. Es un elemento común.

-¿Resulta viable la búsqueda de discursos alternativos –blogs, páginas, revistas digitales- que se alejen de las editoriales estatales para promover una obra literaria o un determinado autor?

El campo cultural cubano tiene una lógica muy especial. Está estructurado de una manera tal, que esta nueva generación siente necesidad de moverse por fuera de esta lógica, que es una lógica institucional. En Cuba hay más revistas culturales que cualquier otra cosa, pero esas revistas, cuando tú las miras, te das cuenta de que todas se parecen, porque todas responden al mismo eje editorial y hegemónico.

Todas están referidas a una política con determinados intereses de qué es lo que quiere valorar, qué es lo que quiere validar, qué jerarquías quiere establecer, de qué maneras. Y por otro lado, los jóvenes tienen que buscar su espacio.  Porque además, y esto es algo en lo que yo insisto desde hace rato, la lógica del campo cultural cubano, la manera en que está diseñado es atípica, y no solo atípica, sino irracional desde el punto de vista del funcionamiento y la eficacia.

¿Por qué es tan difícil en Cuba definir corrientes estéticas? Porque es que las corrientes estéticas siempre buscaron un espacio donde legitimarse, donde expresarse, donde verse. Tú puedes hablar de la generación de Orígenes porque el grupo de origenistas hizo una revista, ellos crearon su lugar. Y así sucedió con Signos, de Samuel Feijoó; Islas, de Buesa; o Ciclón, de Piñera. En un campo cultural como el cubano, donde hay una revista con una visión, digamos ecuménica, globalizadora, inclusiva, en que todas las generaciones deben estar juntas, por supuesto que es imposible discriminar los vectores estéticos, las corrientes grupales, de camarilla.

La literatura es una historia de camarillas, donde un grupo se ha enfrentado a otro, y han debatido, y han impugnado estéticas, unas contra las otras. Esto, por ejemplo, fue muy claro en la época de la modernidad, o en la época de las vanguardias: de un lado los surrealistas, del otro, los cubistas. Cada cual tenía su revista y sus galerías. Esa es la lógica normal.

Entonces es natural que la nueva generación desee crear sus blogs y sus revistas, porque las que existen no le dan esa posibilidad, ellos no van a ser vistos a través de espacios creados; se pierden sus gestos. Un cuento o un poema de cualquier escritor joven, se pierde en una revista donde están todos los temas, todas las artes. Y no se trata de que las revistas existentes desaparezcan, sino de que el campo cultural se abra y aparezca una diversidad expresada de manera espontánea, una diversidad que permita el florecimiento de un debate necesario y reviva algo tan anémico como la crítica literaria. Crítica literaria que hoy se expresa en reseñas pequeñas, media invisibles.

-¿Qué temas, o qué perspectivas no encuentran espacio  dentro de las líneas editoriales de nuestras instituciones?

Las editoriales cubanas son bastante abiertas. Dentro del contexto editorial en ocasiones se publican libros que tienen una mirada muy fuerte, una mirada muy crítica hacia la realidad cubana. Aunque existen ciertos ángulos dentro de ciertos temas con los cuales sí hay mayor sensibilidad por parte de las instituciones para darles entrada. No estoy hablando de un contexto idílico en el cual no existe ningún tipo de censura, de prohibición o de norma. Eso existe en todas partes. Aquí también, lógicamente.

Por otro lado, es posible que cualquier tipo de propuesta encuentre cabida, pero también hay que ver el concepto de mercado muy particular dentro del cual funcionan esas editoriales: la inestable promoción, los circuitos de distribución limitados, la cantidad de ejemplares. El escritor vive de espaldas al lector, está a ciegas, desconoce si su libro gustó o no gustó.

Además, están los intereses institucionales del campo cultural, que ya tiene conformada su jerarquía y le interesa privilegiar a determinados autores. Aunque los nuevos escritores han tenido muchas más opciones de publicación que cualquier generación anterior. Pero el tema no está en la publicación, si no en la posibilidad de validación, en el privilegio de otros productos culturales por encima de éste.

Lo que se percibe en varios espacios, muchas de las veces, son los premios nacionales reproducidos de publicación en publicación. Y esta nueva generación lo que pide es un sitio con voz particular, un lugar de identidad para poder crecer, diferenciarse y reconocerse. Pero esta homogeneidad, este intento de convivencia mutua es algo que trasciende a la literatura y tiene que ver con algo más general, con una determinada concepción de país.

Carlos Manuel Álvarez Rodríguez

VEA MÁS EN ARTE JOVEN CUBANO: ¿CÓMO (RE)EVOLUCIONAR A UN PAÍS?

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Comments
One Response to “Rafael Grillo: Jóvenes escritores cubanos, “entre la resignación y el deseo de vulnerar””
  1. Antonio Rodríguez Salvador dice:

    Caramba, la generacón del 90 también se movía “entre la ruptura y el acomodo, desde la burla, el cinismo, el juego”. Creo que esto es así desde Cervantes.
    Un saludo
    ChCh

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