Fernando Rojas: Las instituciones culturales aún no han podido comprender el nuevo escenario

El propio viceministro de cultura, Fernando Rojas, reconoce la tensión del diálogo entre las instituciones y la joven creación en Cuba. Mientras las tecnologías digitales han diversificado los caminos de la exhibición, distribución y producción  artística, las instituciones aún no han podido comprender el nuevo escenario. Así lo admite Rojas.

-Si le pidieran esbozar el arte joven que se produce en Cuba, ¿qué matices no podrían faltar?

Muy variado y diverso. Variado en cuanto a las estéticas, a su presencia en todas las manifestaciones, diverso por los contenidos, por la gran multiplicidad de personas e individuos que se han dedicado a esta actividad y con una relación compleja con las instituciones.

Primero, porque se trata, en muchos casos, de producciones que no precisan de la institución, sobre todo en el campo del audiovisual. La creación artística más contemporánea en este campo se puede hacer perfectamente sin la relación con una entidad y esa circunstancia inserta una nueva dinámica en la relación entre los jóvenes creadores y la institución.

Desigual. Creo que hay muchas cosas de un valor extraordinario y que expresan un nivel de búsqueda y de dominio, tanto de las tendencias estéticas como de las herramientas creativas, pero a la vez, existen muchas cosas prescindibles sobre todo porque se sustituye algo que tiene algún tipo de relación con la creación artística,  por un tipo de demanda que no es esencialmente creativa, sino una sencilla demanda de expresión, de opinión.

Una relación muy directa entre las tendencias de la creación contemporánea, y las tendencias en el patio, es prácticamente el tiempo real en que se están produciendo las influencias. Hasta hace algunos años algo que surgía como un nuevo modelo o una nueva estética, demoraba en llegar hasta nosotros. Hoy, prácticamente se conocen en tiempo real y en los jóvenes es muy apreciable esta tendencia.

Fernado Rojas

-¿Considera que el arte joven cubano esté redimensionando las nociones de cubanía?

No. Creo que hace mucho tiempo las fronteras entre las áreas de creación se han disipado, y eso hace rato está sucediendo, no creo que sea un aporte de la nueva generación. Ni tampoco creo que la libertad de herramientas, ni de soportes, de  que con cualquier cosa puedas hacer una obra de arte, tampoco creo que en la realidad cubana eso sea un aporte de ellos. Estas son tendencias que se mantienen. Nosotros hemos tenido arte abstracto, naif, de experimentación, lo tenemos hace mucho tiempo, no me parece que se haya descubierto ahora.

Lo que sí creo que han aportado los jóvenes es, digamos, un uso mucho más óptimo e intencional de las tecnologías contemporáneas y ahí sí creo que hay un aporte. Dentro de estas ideas, hay más variedad, no un aporte conceptual, pero sí más variedad en la realización y en las tendencias.

-¿Cuentan las instituciones con los suficientes recursos materiales para acoger a los jóvenes artistas?

Condiciones materiales no las tienen, no solo para acoger al arte joven, incluso a las agrupaciones y artistas ya establecidos. Pero ese no es el problema principal. Más bien me inclino por reconocer la necesidad de diversificar otras formas organizativas que permitan palear estas carencias materiales.

Me parece más importante, la falta de preparación en términos conceptuales de las instituciones, que las propias carencias. La incapacidad que puede provenir de nuestra ignorancia, de la incomprensión de las características de estas nuevas hornadas de creadores y, a la vez, que no seamos capaces de lidiar con lo que no es exactamente arte, o sea, hacer pasar por arte lo que no es o el mero hecho de querer emitir una opinión o hacer un planteamiento. La capacidad o incapacidad para lidiar o discernir, qué cosa dentro del propio enjambre cultural merece ser calificado adecuadamente como arte y qué no. También la capacidad o incapacidad de la crítica para orientar, opinar, jerarquizar. Este es un inconveniente más  relevante que las propias carencias de tipo material.

-¿Hasta qué punto las dinámicas de los jóvenes artistas imponen transformaciones en las políticas culturales de las instituciones?

La institución forzosamente tiene que ser más flexible, dúctil, más capaz de responder a nuevas formas de organización, si de verdad quiere estar a la altura  del actual desarrollo del arte y la literatura en Cuba. El núcleo esencial de nuestra política cultural  es que  trabaje por el crecimiento espiritual de los ciudadanos, que promueva todo lo mejor de la cultura nacional y universal, que preserve el patrimonio, la creación popular. Pero a la vez en términos de ejecución de políticas concretas, más cotidianas, nuestro aparato constitucional tendrá que transformarse en la dirección de poder estar más preparados para recoger estas nuevas experiencias.

Nosotros en las instituciones culturales y en el sistema institucional, igual que en el resto del país, estamos produciendo una transformación estructural, incluso no solo por los propios  cambios que se producen y seguirán haciéndolo en la creación, sino por razones elementales de racionalidad. Debemos hacer transformaciones y al mismo tiempo, estas respondan a la exigencia de la creación artística contemporánea.

Vamos a mencionar algunos hitos: las entidades que hoy trabajan con la regla del presupuesto, sean entidades empresariales. Una segunda idea es que debemos tener muchos menos funcionarios de los existentes.  Debemos ser más reactivos a las circunstancias actuales de la creación, pues  la institución tiene que acercarse más al creador. Es decir, que el creador no tenga que pasar por tantos escalones para presentar una idea o proyecto. Menos funcionarios significa no solo un ahorro de recursos, sino que la institución está más cerca del creador.

Por otra parte, una persona que realice una  labor creativa por cuenta propia, no significa que trabajará dentro de la lógica institucional del Ministerio de Cultura.  En ese sentido aparece la pregunta, para hablar no solo de lo racional económicamente, sino de lo cualitativamente necesario: ¿cuál va a ser el tratamiento que tendrán, en términos de promoción, ese conjunto de  individuos  o agrupaciones que serán trabajadores por cuenta propia o artistas que gestionan una empresa y no trabajadores de una institución?

La lógica dice que una gran masa de personas cuyo nivel de producción artístico no esté a la altura de las exigencias de la política cultural, la cual privilegia la promoción de las obras de mayor calidad, no estarán dentro de la institución, o bien se dedicarán a otro tipo de actividad, o bien serán trabajadores por cuenta propia.

Así las instituciones adquieren sobre todo una responsabilidad mayor, no con el total de la masa de artistas por las que él responde, sino por los de más nivel y a la vez, las nuevas hornadas. Por aquello que propende al crecimiento en términos de futuro: estudiantes, jóvenes creadores, personas con una vocación por la experimentación y la búsqueda. Se comenzaría a trabajar con una masa menor de personas y se vería luego el tratamiento a esa otra masa que estaría fuera de las instituciones.

Siempre, por supuesto, habrá que preservar las condiciones para que se puedan hacer evaluaciones críticas, o sea, para que la crítica, que hoy no está en su mejor momento, sea capaz de  orientar, analizar en ese nuevo escenario.

Todo ello tendría que conducir a establecer una relación institucional completamente nueva entre el creador que logra hacer su obra sin depender de los recursos del Estado y las instituciones estatales. En definitiva, la relación tiene que establecerse, si el creador pretende que su obra se promueva en los circuitos institucionales. Podrás realizar la creación artística por ti mismo, pero para la circulación de la obra, la institución sigue siendo imprescindible. Lo sigue siendo porque la obra tiene que estar en un soporte, o tiene que proteger su desarrollo autoral, o debe comercializarse y para todo ese proceso, que ya son los pasos subsiguientes al dominio de la creación, o sea, la producción, crítica, y dominio de la jerarquización, las instituciones permanecerán como imprescindibles.

Quizás en un futuro más o menos inmediato algunas personas no tendrán la creación artística como única actividad, y eso también significa nuevas formas organizativas. Es decir cómo tú te relacionas de manera eventual con una persona que produce una obra determinada, y a la vez tiene otra profesión. Esa idea del artista profesional dedicado a una sola actividad y que solo se relaciona con una institución específica del Ministerio de Cultura, va a ir quedando atrás. Tendrá futuro solo para los de más nivel, los más consagrados, los que hay que preservar porque ellos mismos y su obra constituyen un patrimonio y aquellas obras de la experimentación y la creación joven que necesiten desde el inicio un apoyo estatal.

Y habrá otra masa de personas que tendrán contratos eventuales, trabajarán por su cuenta, se organizarán de otra manera, establecerán un tipo de relación distinta y por lo tanto serán una carga menor en términos presupuestarios, y al mismo tiempo un aporte en términos de ingreso.

Debemos ser lo suficientemente hábiles para organizarnos de una manera en que a la vez haya más racionalidad, más beneficios económicos y por otro lado no se pierda la capacidad de escoger entre lo nuevo, lo mejor. Si todo esto sucede, la relación de las instituciones con los jóvenes creadores, los jóvenes artistas y escritores, y no con los que quieren pasar por tal, va a ser mucho más sólida y productiva.

-¿Cómo evalúa esta producción independiente, que obvia casi por completo a las instituciones?

Algo que va a pasar o se esclarecerá es cuántos y cuáles de estos productores independientes realmente quieren dedicarse a eso, o quieren esa cobertura para tener otro tipo de beneficios. Ya hoy es posible desempeñar esa profesión como trabajador por cuenta propia. La lógica indicaría que quien ha estado exigiendo por tanto tiempo ese espacio, procure ahora obtener una licencia. Sería interesante estudiar, cuántos de ellos lo van a hacer. A veces, han empezado como productor independiente y lo que han querido siempre es estar en una institución.

Creo que habrá condiciones para que eso se clarifique y se realice, ejemplo de ello es PMM, que empezó como un proyecto independiente y hasta hoy ha estado interesado en pertenecer a una institución cultural. Claro esta es una agencia en que el tipo de relación económica es beneficiosa para todos. Hay que ver cuántos de los productores independientes puedan hacer esa misma oferta.

También se debe analizar cuánta seriedad existe en esas personas que no tendrán nada que aportar en términos de capital financiero o material. Creo que va a ser más sencillo discutir esa seriedad en esas condiciones que en las anteriores. Ahora es permitido sacar una licencia y si se lo propones a alguien como alternativa y responde que no tiene manera de hacerlo porque no tiene condiciones, entonces tiene que aceptar las reglas puestas por la institución. No existe otro camino.

Estos esfuerzos pasan por un afianzamiento de la legalidad. Llegado el momento en que esto se vaya clarificando, será la ley, la que pondrá en su lugar todas y cada una de estas actividades, bien sea por la vía estatal o la del trabajo individual o cooperativo. Si uno piensa en las escalas, la correlación entre el empleo estatal y no estatal cambiará radicalmente. Si todo ese proceso se realiza, nadie podrá violar lo que la ley establece. Hoy sucede por nuestros propios déficits organizativos, jurídicos e intelectuales.

-¿Hasta qué punto el arte joven con su irreverencia artística, social y política, además de sus influencias a veces ajenas a la tradición cubana, logra conjugarse con las políticas culturales del país?

Si es arte siempre se va a poder conjugar. Si se habla de una canción, de un documental, de una obra plástica, no importa el soporte, creo que siempre va a ver oportunidad de que la institución le dé cabida. Pero a veces muchas obras trascienden más por el escándalo armado tras su exhibición, que por su contenido artístico. Y eso lo pone en igualdad de condiciones con un escándalo en la cola de una bodega. Si tú dices cuatro palabras fuertes en la cola y las dices arriba de un escenario o en una película, ¿cuál es la diferencia? Son cuatro palabras fuertes dichas en un lugar público.

Creo que es importante que empecemos a abogar por el arte y no por el escándalo. Y no es un problema sólo de los jóvenes. Esto es válido para hoy y dentro de 20 años. Si estás defendiendo una obra de arte, no necesitas de atributos extra artísticos para respaldarla.

Deberíamos saber cuándo se habla de arte o dónde es que estamos tratando con irreverencia, si esta es el discurso que yo hago a la hora de presentar la obra de arte, o la bulla que se armó en las afueras de la institución donde se hace la exhibición. Yo creo que ahí está el asunto. ¿Qué interesa más al realizador, a su productor independiente o no, al periodista, el contenido de la obra o el escándalo que entorno a ella se pueda esperar? Es importante que aboguemos por esta reflexión y hecha esta reflexión, estoy convencido de que la producción artística y literaria siempre cabrán en nuestras instituciones. La legítima producción artística y literaria.

En el dominio de la promoción hemos ido encontrando circuitos para exhibir toda la producción artística que legítimamente se realiza. No importa si la hace una persona en el AVI de su casa o si la produce el ICAIC. No hay un solo caso en el que no lo hayamos logrado. Pero cuando la producción es sustituida por el escándalo, yo creo que las instituciones tenemos todo el derecho de analizar las cosas de otra manera.

-Actualmente, la distribución del arte muchas veces escapa de los marcos estatales gracias a las nuevas tecnologías. ¿Cómo asumen las instituciones este fenómeno?

A todos los que hacen películas independientes, les interesa que se pongan en los cines. No he conocido un caso diferente. La cosa está en comprender perfectamente que eso puede circular por Internet. El primer problema es no pensar que eso es posible de interferir o de evitar. Hay que entender que eso va a seguir sucediendo y debemos seguir exhibiendo esas películas. Estas se exhiben allí probablemente más que en otro lugar.

El problema, en el caso de las películas, es de capacidad. A veces no tienes los suficientes espacios para exhibir 200 y presentas 100. Las limitaciones son estrictamente materiales. Por ejemplo  tener las copias, reproducirlas. No es lo mismo la exhibición en una computadora que en las salas de cine.

Algunas de las películas de los jóvenes se han intentado promover por circuitos comerciales y no ha salido bien, pues no creo que este sea un cine con posibilidades de éxito comercial y tampoco el país tiene recursos para gastarse una millonada y  convertirlas en taquillazos, como hacen las transnacionales. Este país no tiene para eso. Pero estas películas se ven en toda Cuba y en los festivales en el exterior. Y si las condiciones materiales mejoran crecerán los circuitos de exhibición.

Por otra parte, no hemos resuelto el problema de la industria discográfica, no ya para la música joven, sino para cualquier otro tipo. Son mucho más los músicos, que la capacidad de producir discos y ahí el problema es un poco más complejo que el audiovisual. Este último al menos todavía tiene público. Todavía hay personas dispuestas a sentarse en una sala de cine para ver una película o la compran para verla en la casa.

En la música no, la tendencia parece ser otra. Cada vez el soporte disco tiene menos demanda y está siendo sustituido por los aparatos portables. Cada vez se rechaza más el CD. El músico, más bien se inclina porque el disco sirva para el registro. No obstante, este soporte  siempre hará falta para el registro patrimonial, no se me ocurre que esté en un MP3.  Pero hoy el músico es bastante consciente de que el disco como soporte para hacer circular, puede ser útil en el momento del lanzamiento, pero luego es inservible, pues su música circula de otra manera.

El panorama de la música es bastante complicado. La industria discográfica está muriendo internacionalmente y en Cuba todavía no ha logrado ser rentable. Aún no vemos a un precio asequible no ya el disco, sino el aparato donde tú lo vas a poner. Ahí el reto es otro. Tenemos que reconocer como algo natural que la música puede circular por Internet, quizás el camino está en el registro, parece más racional trabajar por registrar toda esa producción.

Hoy en el audiovisual, se pasa el material de la computadora para montarlo en 35 mm, para llevarlo a las salas de cine. Y en el proceso intermedio que la lógica indica que podías haber hecho 300 DVD, se prescinde de ello, porque se asume que no vas a venderlos. Y es preferible tener la película en un soporte para ver en la sala grande y que a la vez esté circulando por Internet. Así te ahorras el paso intermedio de producir cierta cantidad de DVDs y la pregunta de quiénes los van a comprar. Hablamos de que este no es un cine de mercado. Y me alegra que sea un cine experimental, de búsquedas estéticas, conceptuales.

La economía de Cuba no se puede dar el lujo de producir un cine de mercado, ni siquiera con El ojo del canario, que es una película que sirve para ello. ¿Qué hacemos? Tratar de ponerlas en festivales.

-¿Qué necesita el arte joven hoy?

Lo que más necesita el arte contemporáneo en todas sus manifestaciones es crítica. Estamos en un momento muy feliz de la creación, pero no de la crítica. Incluso creo que a la crítica le ha pasado igual que a las instituciones, se ha quedado a la saga de esa explosión creadora. ¿Qué se necesita de los jóvenes? Que sean artistas, estrictamente que sean artistas.

Lauren Cleto Herrera, Mirtha E. Guerra Moré y Luis Alejandro Yero

Fotos: Alejandro Menéndez Vega

VEA MÁS EN ARTE JOVEN CUBANO: ¿CÓMO (RE)EVOLUCIONAR A UN PAÍS?

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One Response to “Fernando Rojas: Las instituciones culturales aún no han podido comprender el nuevo escenario”
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