Escritor de segunda


Cuando yo llegué a La Habana, lo confieso, sin quitarme aún el polvo del camino lo primero que hice fue averiguar donde vendían algo de comer. Traía, como todo inocente de provincia, un hambre atroz. Y más tarde –solo más tarde-, dispuesto a saciar las otras apetencias elementales, pregunté dónde enseñaban a escribir. (No pude … Sigue leyendo

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