Hablar por teléfono

Mis oídos andan locos con la masificación de la telefonía fija en los Bloques del Cerro donde vivo. En este instante se adaptan a otra sinfonía, todavía difusa, y asumen los diversos ring ring que aquí se escuchan hace más de una semana. La nueva melodía aún desafina con el ruido de la avenida Santa Catalina, el canto de mi sinsonte mañanero, y el reguetón a todo volumen del Barri. Tengo que volver afinar mi sistema auditivo para no salir disparada cada un segundo, creyendo que es a mí a quien llaman para decirme que te quiero.

Ahora son más de 300 teléfonos sonando a la vez en esta pequeña comunidad urbana y solariega de La Habana. Mi CDR y circunscripción electoral también están listos para conectarse al cable de Venezuela. Al fin la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, Sociedad Anónima (ETECSA), terminó su plan inversionista en este rincón,  ubicado entre las exclusivas barriadas del Casino Deportivo y de Santo Suárez.

Por medio siglo en esta comuna de edificios Pastorita tener un teléfono  era un superprivilegio. En mi bloque solo había dos. El de Ana, el primero en llegar hace como 40 años, y el de mi humilde morada.

Cuando ETECSA me reconectó el servicio en el 2005, siete meses después de mi permuta intergaláctica Cerro-Taguasco-Sancti Spíritus, los vecinos catalogaron el hecho como un suceso divino.  Para ellos no había más alternativa: “Hay que esperar por una nueva inversión”. Esa era la respuesta invariable, año tras año, a sus reclamos en las reuniones de rendición de cuentas del Poder Popular.

Y la verdad que fue milagroso volver a tener teléfono fijo particular.  Aunque ya era cliente de la compañía en mi Sancti Spíritus natal, tuve que esperar siete meses para hablar por un auricular desde mi casa habanera.

Durante esos meses esperé a que la empresa cumpliera su parte en nuestro contrato. A los tres meses de una permuta el cliente ya debe tener  el servicio. Ese es el acuerdo. Pero el tiempo transcurría, y nada. Alguien me recomendó que consultara al gerente de la planta,  a la cual pertenece mi barrio. Y un buen viernes decidí verlo. El compañero gerente atiende a la población un solo día a la semana. Al llegar, la cola parecía un desfile por el 1ro de Mayo, pero pacientemente esperé y esperé. Fui la última en entrar a su oficina. Después de cinco horas al sol, aquella habitación refrigerada me parecía el último piso de un rascacielos neoyorquino.

Roja como un tomate  solo atiné a decir en una ráfaga: “Mire compañero gerente, mi necesidad no es mayor a ninguna de los que ya pasaron por aquí, me mudé hace siete meses, soy periodista, pero la verdad que en este instante me siento castigada, así que ya no me interesa tener otra vez el servicio. Muchas gracias”, di media vuelta y me marché.

No tengo idea de lo que hizo, pero a la semana estaban los técnicos reinstalándomelo todo. Eso fue en  mayo del 2005. Casi 40 años después de la llegada del teléfono en la casa de Ana. Ahora, en mayo del 2011, cinco apartamentos más acceden por primera vez a la telefonía fija doméstica. En el nuevo reparto solo uno de mis vecinos quedó fuera. “Debe esperar a la otra vuelta”,  dijeron. ¿Cuándo? Sabeeer…, como diría un amigo guatemalteco.¡ Ay! Humberto, todavía debes seguir aportando más horas de trabajo voluntario, recogiendo mucha materia prima, donar otro tanque de sangre y no dejar de pagar puntualmente la reparación del motor del agua… Los méritos cederistas no fallan a la hora de repartir algo.

También imagino que la casa de Ana será menos concurrida. Por años su aparato sirvió de enlace a casi todos por aquí. Ella vive en un segundo piso. Tengo que reconocer que mi barriada ha respetado bastante mi privacidad. Pepe,  mi vecino puerta con puerta, era quien usaba con más frecuencia mi número. Igualmente se lo prestaba a una vecina del tercer piso,  corredora de permutas. Yo en mi inocencia provinciana se lo di  “por si algún día te hace falta”. ¡¡¡Qué pecado!!!  Mi casa se convirtió en la redacción de la revista Opina, aquella famosa publicación cubana de los ochenta, donde se anunciaban todas las permutas de esta inquieta Isla. ¡¡¡ Qué locura!!!

En el momento de mayor concentración o apremio por la entrega de un reportaje, mi teléfono empezaba a sonar sin control ni medida. Y allá iba Katia,  escaleras abajo, avisarle a Graciela que Ciclanita (o) quiere saber si le encontró una casa en Miramar, de cuatro cuartos, garaje, placa libre, jardín, gas de la calle y teléfono, por su barbacoa apuntalada en Centro Habana… Por supuesto, que más de una vez tuve que desconectar el equipo y decir decente e indecentemente que ¡por favor no me molesten más!!!!.

¡Ay! Graciela, no te olvido. Menos mal que permutaste para Ciego de Avila. Todavía un guantanamero despistado te llama para saber  si le conseguiste  su permuta de La Máquina, en la punta de Maisí,  para la Rampa del Vedado. “No hay manera”, me contesta cada vez que le salgo al teléfono. Y al mes vuelve a preguntarme lo mismo. ¡Ay, Graciela!, hasta cuándo…

Realmente extrañaré todos estos momentos, al igual que el grito del esposo de Ana, cuando desde la ventana a todo pulmón voceaba: ¡Nicolaaaaaaaa, teléeeeefonoooooo!!!!!!!!.  El  grito de Jorge me ha hecho saltar mil veces hasta el techo. Mis musas le tienen pánico.  Su alarido me ha extraviado más de un lead y me ha puesto en crisis con mis queridos editores de Prensa Latina.

También debo actualizar mi agenda telefónica, y aprovechar las facilidades de esta vía de comunicación para sacar turno con la manicura, pedirle a Pepe la rondana para subir agua hasta el cuarto piso, preguntarle a Chicha si sabe el sabor del helado en la Word, o estar al tanto de si mi querido y nunca bien ponderado mensajero de la bodega dejó el pollo en casa de Alina, quien suele vocearme desde el primer piso para avisarme que tengo, hace cinco días en su refrigerador, mi trozo de muslo y contramuslo de la querida ave.

Realmente extrañaré esa manera tan especial suya de notificarme de que tengo en su apartamento el arroz o el café -otra vez mezclado con chícharos-, de mi libreta de racionamiento. Me reconforta que tendré un poco más de privacidad. En lo adelante, mi vecindario ya no estará al tanto de los días sin recoger el paquete de galletas del mes o si hace un siglo tengo fosilizada una ración de picadillo de soya en su congelador. Con el teléfono todo puede ser más discreto. Hasta los escándalos se podrían dar por este medio. Y nadie se enteraría. Digo yo.

Igual intuyo mejoras en el mercado negro. Aquí todo el mundo sabe dónde se consigue el aceite, el saco de cemento, la ropa reciclada, la tina de helado, la bolsa de leche en polvo y hasta la fruta de estación, pero no me podrán negar que resultará más cómodo llamar por teléfono y decir: “Fulanito, guárdame unas libritas ahí, las recojo cuando venga del trabajo….”. La verdad que ganamos calidad de vida para el filibusteo diario. Uff, tengo que apurarme en la actualización de mi libreta telefónica…

Vivir en  los Bloques del Cerro tendrá en lo adelante un poco más de valor. No es lo mismo una casa con, que sin teléfono. En Cuba más de un intercambio de vivienda se ha resuelto con este servicio. Conozco una amiga que logró permutar desde Santiago de Cuba hasta La Habana al traspasarle su servicio al nuevo propietario. Para hacerlo, primero se casaron y, al otro día, se divorciaron. Por supuesto,  ETECSA tiene sus cláusulas especiales del servicio, personal e intransferible además.  Solo admite traspaso si el propietario se divorcia o muere. Creo que mi amiga tuvo mucha suerte. Ahora vive felizmente divorciada en La Habana, en la capital de todos los cubanos.

Gracias Antonio Santi Giuseppe Meucci por tu invento. Ciento y tantos años después de ingeniarlo y perfeccionarlo precisamente  en esta Habana, en el otrora teatro Tacón,  tu idea llega a mi comuna solariega del Cerro. Claro,  hasta digitalizada. Y gracias a tu invento, podemos soñar con otros.

Mi nuevo anhelo es poderme comunicar con mis vecinos por las redes de Internet. ¿Se lo imaginan? Pues yo sí. Hasta ahora soy la única en los Bloques del Cerro con acceso a la red de redes, además con una línea ADSL.  Cierro los ojos  y me veo con todos en Facebook. Sería la socialización global del solar. Para entonces tampoco sería la única bloguera en varios kilómetros a la redonda. Realmente no me importa mantener esa exclusividad, ni el privilegio de estar online 24 horas al día. Me encantaría estar en Internet con todo mi barrio. Estar juntos en Facebook, Twitter, Youtube y  mil  redes sociales más. Y hasta crear la nuestra, con mucho sabor cubano para el mundo.

No pierdo la esperanza de ver ese día. Mientras, seguiré contando en el ciberespacio sobre mi solar vertical, aquí en los Bloques del Cerro habanero, donde amo a esta terca Isla. Perdón, archipiélago, como siempre me corrige uno de mis editores de Prensa Latina.

Katia Monteagudo

Foto: José Manuel Rodríguez Calleja

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Comments
8 Responses to “Hablar por teléfono”
  1. No te pareces a ellos en el estilo, pero me hiciste reír, divertido, tanto como lo hicieron a veces Mesonero y Larra. Ya ves que me curo en salud: con estos la que gateaba era tu bisabuela 🙂
    Gracias y un cordial saludo.

  2. Antonio Rodríguez Salvador dice:

    Bueno Katia, me parece imperdonable eso casarse y divorciarse al día siguiente. ¿Cuándo ocurrió la cosa? Ya sabes, tres o cuatro años atrás todavía tenían derecho a una reservación de hotel por muy poco en moneda débil. En nuestros buenos tiempos te daban 5 cajas de cerveza y derecho a comprar en la tienda de los novios. ¿Te acuerdas? Entonces la cosa era al revés: Divorciarse costaba barato, y luego te volvías casar para pasar una buena luna de miel junto con los chamacos y los socios que te iban a visitar.
    Un abrazo
    ChCh

    • destinocuba dice:

      ChCh, aquí el motivo fue un teléfono, y el caso es real, lo que claro, por etica, no puedo dar todo los detalles, y si en mis tiempos de permutar para La Habana me hubiera pasado lo mismo, a lo mejor yo habría hecho igual. Que conste no fue mi caso. Otro día te cuento de mi permuta Cerro-Taguasco-Sancti Spíritus. La Habana bien vale una misa, parafrasenado una conocidad frase, y que me perdone París, que también muero por conocerlo, pero la capital de mi Cuba es mi lugar preferido en este mundo. Y también que me perdonen mis coterráneos espirituanos, y saben que yo amo mi viejo villorrio, pero La Habana es mi amor, y aquí estará mi casa siempre. Si me peguntaran, diría que me casé con esta ciudad, y eso es “hasta que la muerte nos separe”, y solavaya!!!!, que sea bien pa’lla, que todavía quiero ver cómo llega la Internet a este barrio solariego y cálido en el que vivo desde el 2004, rodeada de framboyanes, palmas reales, sinsontes, el tráfico, vendedores callejeros, vecinos solidarios y escandalosos, y hasta de baches y basureros desbordados. Otro abrazo para ti. Katia

      • Antonio Rodríguez Salvador dice:

        Solo bromeaba, Katia, seguía tu cuerda.
        En el otros post yo leía todo ese match Cuba-Argentina por el campeonato regional de teléfonos, y me reía. No nos entienden para nada. Por cierto, es brillante tu hijo
        ¿Estás por México? Yo ahora por Venezuela. Y te entiendo con el dilema habanero. Ya sabes, para nada extraño a Sancti Spíritus… extraño a Jatibonico y Taguasco. JaJa Estoy loco porque lleguen mis vacaciones
        Un abrazote,
        Chichito

  3. mau dice:

    Katia, se extrañaban tus comentarios. Nos tenias abandonados.
    Esto que te dirè, es un elogio, y te pido lo tomes como tal, hay veces que leyendo algunos de tus pàrrafos, me parecen escritos por la misma YS. Tienes la misma sensibilidad para contar el dia a dia cubano.
    Sigue soñando y esperando el “cable” que les tiran desde Venezuela, nuestra vida es, finalmente, ese gran conjunto de sueños que perseguimos, y a veces conquistamos. Y ya ves, muchos de tus sueños se estan realizando.
    Un gran abrazo.

    • destinocuba dice:

      Hola Mau, tu elogio lo tomo como una de tus buenas argentinadas, que le vamos hacer eres asi, y así te asumimos, bien argentino. En todo caso, modestamente, sería al revés, ella a mí. Cuando ella gateaba yo era periodista. jajajajajaja. Realmente no quiero parecerme a nadie, solo a mi, y creo que el que lee mis trabajos, saben que están escritos por esta cubana, que hace este blog en horarios extra y por el puro placer de escribir y crear. Un saludo katia

      • mau dice:

        Katia, perdona, no quise herir tus sentimientos. Sólo expresar que me gusta como escribes. Y este articulo en particular me gusto mucho. Sé que vendran muchos artículos más como este, porque como tu dices, lo haces por el placer de escribir y crear.
        Mis saludos y reitero mis disculpas.

      • destinocuba dice:

        Hola Mau, gracias. Sí, hay muchas ideas siempre en el tintero, pero el tiempo ahora es menor. Lo seguimos intentando, al menos sé que alguien aprecia mi trabajo, aunque nos halemos los pelos. Un abrazo Katia

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